Los cambios

Por las tardes, con la caída de las horas, entre dos hojas perdidas que sobrevuelan tu alma y la mía, con el tacto de quien sólo es capaz de cambiar el rumbo de las vidas, como un templo de naipes se derrumban los pasos, los acontecimientos, las dudas, las verdades, los holas y los adioses, los amigos y los rivales.

Por las tardes, como esta tarde, se abren y se cierran cajas, puertas, brazos, abrazos, manos, puños, vientos, truenos…

Como esta tarde, se viene encima el futuro, con sus deseos y sus infortunios, lo querido y lo odiado: todo se materializa en este estúpido instante para susurrarme a gritos que muy pronto quizá me arrepienta de las decisiones de hoy, o que tal vez las celebre.

Quién sabe.

esperarles como reyes…

Puede uno esta noche pasarla en vela, esperando la nocturna entrada de tres señores con barba vestidos de señora, por la puerta o por la ventana, quizá, con un saco, o varios, llenos de ilusión, aterciopelado saco rojo cabaret, desgastado del uso, puntual en el año pero milenario en su historia, esperarles toda la noche con un cubo lleno de agua para tres sedientos camellos, con unos trozos de turrón junto a la chimenea, esperarles toda la noche con una copa de champagne desde la cena, viendo como las diminutas burbujas ascienden y superan la línea que separa los dos estados, líquido y gaseoso, y se pierden perfumando la estancia, esperarles toda la noche mirando parpadear las bombillas de dorada luz en el árbol, como cientos de fugaces deseos en el firmamento del desierto, como granos de arena volando en la luz de la tarde, esperarles toda la noche hipnotizado con la suave caída de unos copos de nieve, blancos, que cubran de juventud las rancias aceras, los desgastados parabrisas, resbalando por el cristal de la ventana hasta diluirse en gotas que surquen el espejo de nuestra mirada, esperarles toda la noche…

… pero es que resulta que tengo una fiesta en casa de unos amigos dentro de unos minutos y con esta chorrada ya llego tarde, así que, si me lo permiten, les esperan ustedes y mañana con detalle me lo cuentan.

Ah… y que disfruten de sus regalos.

Casi todo el tiempo

“Como me dijiste que sería,
así es,
casi todo el tiempo”

Una historia correcta, una vida sencilla. Los días… los días pasan, atraviesan monótonos las frías tardes de invierno. Sigo en aquel trabajo, y viajo mucho. Atiendo las peticiones estúpidas de grandes corporaciones, escribo y des-escribo, copio, pego, sonrío. Todo como dijiste. Todo igual. No me he casado todavía, tengo miedo. Aún creo ser demasiado joven, soñando con la libertad, casi todo el tiempo…

Y tú… tú seguirás estudiando, y mejorando tu francés, niña londinense en París. Tú vivirás la vida de jóvenes que yo ya una vez viví en otros lugares. Estarás quizá con tus amigas, corriendo bajo los soportales de la Place des Vosges con las mejillas acaloradas. O besando a desconocidos en cafeterías de Montmartre, quién sabe, un domingo por la mañana:

Llegarás quizá de nuevo con tu taza y tu croissant, y con uno de esos zumos embotellados que los franceses tan caros saben vender. Te desabrocharás el abrigo y te desenroscarás la bufanda, azul, verde, gris, roja, quién sabe. Sacarás tu pequeño diario y mirarás al extranjero que se sienta solo al fondo del café, y quizá le dediques una de tus luminosas sonrisas. Y entre frase y frase, algún cabello rubio de tu coleta bailará al son de tus miradas, hasta que aquel extranjero se levante y te pida fuego. Entonces te apartarás a un lado en ese banco negro de madera despintada y, mientras él se sienta, le pedirás un cigarro. Y hablaréis de la vida y lo imposible, y compartiréis un trago de zumo, el café y el cenicero. Luego caminaréis por la Place du Tertre ese lluvioso día de enero, quizá, y os detendréis en los pequeños puestos de pintores. Y tú posiblemente le regales un pequeño óleo del Sacre Coeur. Y puede que paséis el resto de la mañana entre calles y plazas, tú con tu liviano brazo en su cintura y él con su mano sobre tu hombro. Y así, cerca del mediodía, llegará un último beso con sabor a café, y le dirás entonces que tú deseas para ti la vida que él ya tiene para sí, casi todo el tiempo…

Así es, una vida sencilla, como dijiste que sería, casi todo el tiempo. Y desde el sofá en el que hoy se abrazan a mi cintura, mientras pasa esta tarde de domingo, yo observo ese pequeño óleo colgado en el salón. Y cierro los ojos… mis ojos, que sólo recuerdan tu sonrisa. Entonces me levanto y me preparo un café.

2005

La realidad de los días, las brumas
que no pasan,
…………………….la monótona vida.
Las voluntades que atenazan…….los deseos,
los espejismos cercanos,………………..el sueño.

Los silencios del cuerpo, los gritos
del alma,
……..los forasteros
y los libros.

El serpenteante vacilar de las decisiones,
…………….el vacío
………………………y la calma.

Todo está donde estaba,
todo descansa
……………………en casa,
todo duerme
y todo muere.

Los cambios vinieron,
creció la inmensa mar,
……asfixió las constancias…………..y los mitos.
Los cambios vinieron y se fueron,
con el mar
y su rastro hospitalario:……………….el horizonte.

Ajenos destinos hoy yacen en casa,
al abrazo del futuro.
Será el próximo año.

(“2005″ es el último poema de la serie “Interferencias del vacío”) 

Nada

No se me ocurre nada. Pasan los días en esta soledad neuronal, ni un pensamiento interesante, sólo un vacío hueco, eco, eco… y me acuerdo de muchas anécdotas con las que podría decorar este árbol navideño, posts como bolas, esféricas, distorsionadoras de la realidad circundante, pero no toman cuerpo, todas se caen, y botan y rebotan y se marchan por la puerta, bota, bota, bota… y bajan las escaleras y casi ya ni las oigo, bota, bota, bota… salen del portal de casa y las veo por la ventana, rebotando en las cabezas de los transeúntes, mullidos botes a veces, en peinadas cocorotas de laca navideña, secos botes otras, sobre escarchadas calvas, bola contra bola como en un billar… y siguen botando sobre la acera y el asfalto, parabrisas de vehículos, copas de árboles casi sin hojas, botan en charcos, en perros sin collar, y al final parecen detenerse en el cristal de la pastelería que veo enfrente, pero entonces empiezan a rodar, calle abajo, hacia otras casas quizá…

Fue la paz

Fue a través de la lágrima quizás,
imagen líquida de la muerte
imaginada, del espejo del alma,
de la cara enemiga.

Fue por el llanto quizás,
sonoro canto del dolor
supuesto, del amor abandonado
a su suerte.

Fue con la rancia risa quizás,
mentiras de los hombres
de la guerra, de la niebla
que oculta el horizonte.

Fue conmigo seguro,
fue contigo y conmigo,
fue apenas un sueño
fue la paz,
fue la paz: amigo.

Don Giovanni en el Real

La partitura la conocemos todos, y cada vez se hace más difícil sorprender al espectador. La ejecución podría calificarla de correcta, será quizá que la orquesta sin la etiqueta no se concentra igual, veremos qué ocurre en el estreno.

Interpretación sublime de María Bayo en su papel de Donna Anna. En general todas las mujeres (Sonia Ganassi potente, María José Moreno intensa) están muy por encima de sus compañeros masculinos (todos bastante flojos, por no decir flojísimos, sobre todo su interpretación actoral). No podemos olvidar que la ópera es un teatro y la interpretación debe pesar tanto como el canto. Los hombres, a mi parecer, están muy mal dirigidos por Lluis Pasqual (¡menudo estreno en el Real!). En ese sentido María Bayo está absolutamente completa: mi más sincera felicitación.

Pero lo que no se puede permitir es dilapidar dinero público en una escenografía y decorados inmundos para un espectáculo de este calibre. Destacaré el escenario inicial, propicio y magníficamente iluminado, con una clara inspiración en las obras de Sean Scully, pero comienza a perderse con un tiovivo más visto que el tebeo y una fiesta mezcla de barroco y camorra siciliana al final del primer acto que te deja frío. Pero mejor frío que con calores, los que provoca el mausoleo biónico de granito-poché que parece una revisión del panteón del Valle de los Caídos pasado por los ojos de Chillida y las pestañas de Pepi, Luci, Bom y otras mierdas del montón.

Mi más sincero pésame a Lluis Pasqual (Director de Escena) y a Ezio Frigerio (Escenógrafo) por este montaje. Después de los aplausos, principalmente a las féminas, escuché algún que otro abucheo. ¡Qué tristeza!

El Pompidou y la ciudad del amor… propio

……….……….Una profunda bocanada de aire cálido,
……….……….no como el grito invertido del ahogado
……….……….sino como el trago definitivo del mejor borgoña.

La ciudad del amor acoge en su mismo corazón la casa del diablo. Sus venas de fuego corren sobre su piel, sobre sus huesos. Hundido en lo más sagrado de París, con su boca ortodóntica te traga, te digiere para ser siempre parte del perfume contemporáneo, la esencia de la descomposición. Si de este mundo sobra lo superfluo, sobras tú. Yo contenido, sujeto, frente al continente, transparente.

Solo llego a París y mis pasos me llevan por el camino que nadie recorre. Los edificios se apartan de mi deambular perdido, las sombras me guían. Este adoquinado es chanson, tres mujeres se despiden y se dispersan como tres
palomas se diluyen en un cielo de Sisley, tras un disparo.

Solo cruzo la sombra gótica del ábside de St. Merri y me asomo a la Fontaine Stravinsky, preludio de lo que acontece, Jardín de El Bosco. Serpientes de color escupen agua maldita, una laguna Estigia sin Cancerbero. Todo esto es una blasfemia, un grito en mitad de la perfección.

Vengo a Paris con 30 años perdidos, de lo vivido nada me queda. Las alegrías fueron tantas como las penas, el balance equilibrado, malgastado. Las vidas compensadas son vidas mediocres. Mejor ser santo o diablo. Mejor diablo. En esta plaza hundida, el Centro Pompidou me observa insignificante. No hay mente humana que haya podido concebir semejante locura, porque esta obra no es del hombre.

Uno compra un ticket como si llamara a un gondolero: un viaje sin retorno hacia el museo de arte contemporáneo, plantas 5 y 6. Ese ascenso doloroso, estadios sobre una mecánica escala, metáfora de una vida. Tramos de dejarse llevar, como siempre. Un intestino trasparente desde el que ves la vida alejarse mientras asciendes. Títeres y titiriteros, plazas de Baudelaire, fiestas y viudas, el mundo y la carne. Barandillas sobre la muerte.

El sol se pone sobre los tejados, moldes invertidos de bizcocho, negras tejas de pizarra y tiza:

No volveré a malgastar la vida
No volveré a malgastar la vida
No volveré a malgastar la vida
No volveré a malgastar mi vida.

El mundo es más hermoso desde lo alto. La voz que siempre habla dice todo esto te daré si te postras ante mí y me adoras. Un paisaje de espaldas a la vida, a mi propia vida. Sobre el cielo, bajo el horizonte, a izquierda y a derecha, Notre Dame y el Sacré Coeur. La torre Eiffel al fondo, mi otro yo, el que todo lo ve, el que se supone que todo lo sabe y realmente no sabe nada.

La gente que me rodea no existe, no escucho sus voces, no las oigo. Sólo el sol que ya no está y padre y madre a derecha e izquierda. Vistas de Mont Matre en mi mente, rojas sombrillas en la Place du Tertre bajo las cuales deben quedar los últimos lienzos. Y las cuatro estaciones, las horas de la vida en la fachada de Notre Dame como las Catedrales de Rouen que escupía Monet.

Es el mundo al que pertenecí hasta que vine aquí: todo lo ocurrido, lo acontecido, lo banal. Todo esto te daré si te postras ante mí y me adoras… Podría lazarme sobre las rocas, pero no creo que un ejército de ángeles venga en mi auxilio. Es el hombre frente al hombre, frente a un mundo sin dioses. Con mi espalda frente a la tarde siento el verdadero paisaje frente a mí.

El siglo XX descansa dentro de este infierno de cristal y acero. El desprecio absoluto por la ley, la destrucción de todo canon de belleza, un inmenso puzzle de siglos desparramado por el suelo. Odio o amor, luz o sombra, arte o destrucción. Pero ay, somos hijos del XX y amamos los pechos que nos amamantaron, aunque seamos Rómulo o Remo. Delaunay, Picasso, Rothko, entraron en el templo y a gritos expulsaron a los mercaderes de impresiones.

Hay más belleza en una sola tesela que en todas las bóvedas de Caracalla, más amor en un verso de Neruda que en todos los ripios de Bécquer. Uno entra en este bosque de acero y el David de Donatello parece un muñeco de plastilina, el Nacimiento de Venus un aborto.

Desprecio el porvenir porque ya no queda nada que romper, tan sólo el recoger cada pieza e intentar reconstruir de nuevo este Big Bang, ¡qué solemne aburrimiento! Por eso sale uno por la misma puerta que ha entrado. La ciudad está a oscuras, las escaleras mecánicas descienden.

————————

Yo nunca me fui del Pompidou. Ante él me postré y lo adoré. Hay otro yo que huyó al abrazo de París, a la vida sin vida. Yo me quedé aquí, en este infierno pestilente de autodestrucción. Notre Dame y el Sacre Coeur abrazaron al hijo perdido en el templo, pero yo descansé entre las cosas de mi padre. La Tour Eiffel amó al desertor. Junto a ése vivió el XXI mientras mis huesos aun arden al fuego de este desierto, sin maná, sin Jahvé.

Soy la mujer de un nazi

Soy la mujer de un nazi,
la dama que comparte
crímenes bajo las sábanas.

Soy la mujer de un nazi,
la madre que amamanta
niños arios con pechos de sangre.

Soy la mujer de un nazi,
la dulce cocinera de sueños
que se esparcen como la ceniza.

Soy la mujer de un nazi,
y sobre mí observo nada
y a mi lado nada queda.

Soy la mujer de un nazi.

Verde

El verde vuelo
de un cielo que se aleja
con tus palabras.

****

Un verde velo
tras el agua agitada
y tus palabras.

****

Y verdes verdes
tus palabras de agua
y el vuelo el cielo.

Haiku – 28 de Julio

Nacer al mundo
mientras la madre duerme,
este es mi sueño.

Haikus – 14 de Julio

Eremita de ti
este loco priapismo,
atáxica melancolía.

******

Ojos espejo,
agitando mis hojas
tu fuerte viento.

Haikus – 9 de Julio

Lienzo del cosmosderrumbe de la dudafin de la nada*****Silencio y findesesperadamentemi cuerpo es agua

Wendoline

mira niño que te lo vengo diciendo desde hace más de media hora y como sigas vas a conseguir que me ponga ya de mala leche para todo el día que vengo del trabajo y me tienes toda la casa hecha un asco y parece que no quieras ya a tu madre que ni te lavas la cara súbete esos pantalones que te los vas a pisar de verdad niño que yo un día te meto un sopapo y mira que no quiero que los malos tratos están hoy muy mal vistos pero a tú a mi no me conoces aunque muevas así la cabeza y digas que soy tu madre que un hijo conoce mejor que nadie a su madre pero a mí no me conoces no me conoces no me conozco ni yo que a veces se me viene la wendoline que es como llamaba tu abuela a esta pequeña diabla que a veces me posee y se me pone hasta la cara roja que ya me he visto yo en el espejo del ascensor y me he dicho wendoline no me mires asi que te meto un soplamocos que te rompo los nudillos y ya ves tu sigue y sigue dándome la murga por dios que paciencia hay que tener contigo mira vete para el salón y que te aguante tu padre ya un ratito que se me queman las croquetas

Ecos

Rota la caja que mantenía
………………………..el misterio de saber quién habitaba
…………el interior de mi alma
rota el alma que guardaba
…………………………el secreto de la calma y la bendición
………..de un sueño,
…………………………….un monstruo oscuro,
rota la cinta que cruzaba
………………………….la meta de la vida antes de la meta
por correr más …………..que………………………… el primero,
por mirar, ……….por sentir,
……………………………………………..por morder,
por la mera curiosidad de comprobar
………….qué frutos guardaban
…………………………………………….las verdes sombras
del bosque,
……………………los frutos negros del alba,
……………………………………………………………….frutos del mal,
comprobé que nada había
………….que el pelo negro de la rabia sólo tenía
…………………………………………………………………………debajo
………………….un seco montón de huesos,
ni demonio
…………………ni ángel vencido
ni dios pagano
………………………….ni tótem
ni vellocino ……………………..ni mito ………….ni miedo
sólo un humano cadáver,
……………………………………………..un mortal,
un puñado de secos huesos
…………………………………………que ni para arder servían,
un montón de pasado olvidado,
…………………de huesos secos de otra vida,
…………………de huesos
…………………………………secos,
……………………….huesos s-
…………………………………….ecos…

(“Ecos” forma parte de la serie “Interferencias del vacío”) 

De la cordura y la calma

Agítame con dulzura pero también como un severo castigo
que el amargo completa las notas de sabor de los cócteles
los vinos fermentan en barricas de calma y dióxido de carbono
como el tedio y la desesperanza habitan en el alma del hombre.

Revúelveme con energía pero también con templanza
que la disciplina de los adultos completa la educación de los jóvenes
y las campanas llaman al recogimiento y al regocijo del cuerpo
como tu voz acompaña el lento caminar de un peregrino sin templo.

Sacúdeme de esta mansión de silencios en que amaneceré mañana
ventila mis estancias de polvo y ácaros suspendidos como si fueran
púas de un tenedor de luz que nace de estas entornadas persianas
a imagen de tu imagen en la sombra y cristal de cada mañana.

Báteme fuerte sin compasión sin remilgos sin prudencia sin miedo
aplícame las energías que liberan mil enchufes corrientes como mi vida
remuéveme la espera condensada en nata sobre mi café con leche
disuélveme toda esta cordura imprecisa que me sobra y a ti te falta.

(“De la cordura y la calma” forma parte de la serie “Interferencias del vacío”) 

Amor hueco

Cumplieron las almas
sus malos presagios,
ocultando auroras,
firmaron desahucios,
rodando se fueron
rodando los cantos,
colmando los valles,
de estiércol y llanto,
se fueron, se fueron
las ninfas volando.

Huyeron de pronto
con ladridos ciegos,
mordieron el aire
quemando sin fuego,
marcharon al ritmo
de rejas y miedos,
en silencio seco
volaron, partieron,
ni un mero suspiro,
ni aullido de perro.

Cortaron el verde
de mi camposanto,
de patio chico,
de mi calendario.
Ahogaron la música
de los campanarios,
las llaves perdieron
de los relicarios
donde se oxidaban
instrumentos varios
que soñé tenía
ya puestos a salvo.

Quedaron sin causa
sus ecos, tus ecos,
cual tímidas perlas
brillando sin cielo,
rosarios, sudarios
de un pasado muerto,
repitiendo salmos,
cantando un “eterno
será tu futuro
de culpa, tu preso
amor a ti mismo
te acompañe”, creo.

Cumplieron las almas
los agüeros malos,
en un cielo hueco
de asustados pájaros
con nubes veloces
dibujaron rastros.
Rodando se fueron
rodando los cantos,
cubriendo el silencio
con risas de escarnio,
se fueron, se fueron
las ninfas…

(“Amor hueco” forma parte de la serie “Interferencias del vacío”) 

Las aceras

Será quizá que hay mañanas de sábado en las que Madrid tiene menos cielo del habitual. Hoy me decido por el suelo. Después de leer medio diario en un café salgo calle Princesa abajo, objetivo Gran Vía. La Plaza de España siempre te despeina las ideas, con su ventarrón como un soplamocos bien dado.

Me pregunto por qué voy siempre por los pares. Creo que la acera de los pares es ya la acera del mundo al que cada día menos pertenezco, la acera de las matildes, de las grandes corporaciones, de los omnipresentes medios de comunicación. Es la acera del norte, de los privilegiados, de los elegidos para la gloria. A mi la gloria me queda muy lejos, esa gloria que vive de chaqueta y muere ahorcada de corbata. Decido un cambio de acera, que ahora tanto se estila.

¡Acera de los impares, acera del sur, camino de letras, de sombra en la tarde! Se ven altos los edificios de enfrente, sus ventanas oscuras, sus grandes centros comerciales. Hoy dejé cargando mi nuevo móvil en casa pensado que volvería tras el desayuno. Me apetecería llamar a alguien y contarle esta pequeña reflexión. Tampoco veo cibercafés abiertos. ¡Si pudiera dejar algunos pensamientos en mi acuario digital! Esperaré a la tarde.

Desde esta acera sin par el mundo es el mismo, pero se ve más hermoso. Asciendo a Callao y el camino me parece nuevo. En la plaza, entre socavones, saltan alegres mis ilusiones. Madrid es cada día más Madrid, el centro más centro. Desde los pares se veía de otra manera: triste lo pobre, gritón lo sucio. En la acera sur somos todos inmigrantes, todos alegres y sucios, todos madrileños.

El cielo sigue nublado. Descanso una hora en la Fnac, ojeo algunos libros de arte y de poesía. Busco alguno de Leopoldo María Panero y encuentro “Guarida de un animal que no existe”. Empieza así:
Cuando en el crepúsculo las ancianas sollozan,
acudes tú Belial
a borrar con una esponja de vino los pecados
Y a convertir en vino el pan dorado
el pan que dora el sufrimiento de los locos
el amargo pan de la muerte
y escucho tus pasos venir, venir a ayudarme
y respondes, tú solo respondes
a ese grito de la habitación a oscuras.

Qué gran suerte ser buen poeta, aunque vivas en un psiquiátrico.

Sé que quedan números por recorrer, que la calle termina en Alcalá, pero hoy ya no interesa. El pulso ha cambiado, los pasos ya no van a sonar igual. Me siento en el auditorio de la Fnac, cierro los ojos y termino el paseo junto a Leopoldo (él en su manicomio y yo en el mío) ahora por la acera de los números imaginarios.

Mañana

Precede a mi risa
Cosquilla de niño
La nada nos queda.

Descansa de sueños
De dulces recuerdos
La noche te mima.

Mañana te espera
La vida de adulto
Mañana y mañana.

Los juegos durmieron
Los pesos vinieron
Las risas partieron.

Haiku – 18 de Mayo

Granos de arena
bajo mis lentos pasos,
cruje la tarde.

Luz y…

Luz y cosas,
casas de aire que flotan
de algunos hilos de vida

añil de paredes ciertas
distancia de mañana
atardeceres
paisaje
Cádiz

vivir en el abismo de esta realidad
vivir en el abismo
vivir

luz y cielo
azul y añil la luz
de sus olas de roca

haber nacido tantas
mañanas lejos
sorpresas
nuevas
y Caños

dormir en el abismo de su tierra
dormir en el abismo
dormir

luz y luz,
en la mañana otra vez
esta mañana
en ti

piel de sol bañada
por el viento y las olas
olas de luz
de nuevo
Cádiz

por fin en el silencio de tu risa
por fin en el silencio
por fin.

(“Luz y…” forma parte de la serie “Interferencias del vacío”) 

Distancia

Saca,
de tu pecho el aire
que me haga más daño,
una daga blanca
de metales cálidos.

Abre,
esa boca grande
de afilados dardos,
que me pasen dentro
y me arranquen lazos.

Muerde,
con más gritos llenos
de rencor o asco
que merezco siempre
que te debo algo.

Mira,
sin decir palabra,
con gestos aciagos
escupe silencios,
mentiras y agravios.

Huye,
que nada merezco,
de ti ni vasallo,
desprecio tan sólo,
distancia de esclavo.

Callo,
ya todo lo dije
a la tarde, callo
los últimos versos
que saben amargos.

(“Distancia” forma parte de la serie “Interferencias del vacío”) 

Trufas de clase media

Ahora que uno ya no trabaja en AZCA y se dedica a pasear sus pies por el Viso y Salamanca, barrios que de sublime abolengo no deberían llamarse barrio, encuentro alguna que otra mañana un nuevo servicio municipal y motorizado que retira de la estampa excrementos caninos: un individuo enfundado en un mono verde y blanco sobre una motocicleta todoterreno, casi diría todobarrio, circulando lentamente e incordiando con escape libertario, que se detiene levemente, apoya una pierna/pata y, con un artilugio aspirador, succiona una a una las pequeñas esferas que trufan el barrio de mediocridad.

Sombra

Ser
simiente del no ser
presente ni futuro,
ser
para nacer y ver
toda la nada de este mundo,
ser
uno más del querer
y no poder, nacer al luto.

Ser
esta vida llena
de recuerdo inútil,
de rozar tu piel,
del cierto sentir
que apenas de mí
queda nada debajo.

Ser
esa vida rota,
aceptada, frágil,
que apenas asoma,
porque temo vivir
entre sombras de ti
que me hagan pedazos.

(“Sombra” forma parte de la serie “Interferencias del vacío”) 

Descalzos

Piernas desde los dedos,
desde tus pies de fruta
que me acarician.
Alas de plomo y dedos de pluma
sobre mi cara,
desnuda.

Piernas y pies que dibujan
el alma de cada beso
sobre la arena,
y reviven
lo que un día
de ti fue íntima huella.

Pies y tú, bajo la sombra
de mi espalda aquella tarde,
pisaban descalzos mi casa
y tu casa,
corrían descalzos la calle
perdiéndose en la mañana.

Quiero

Pero no puedo. No puedo callar. Necesito hablar, gritar, escribir, disparar, matar. El silencio destruye las neuronas por resonancia, por acumulación de pensamientos banales, trascendentes, estúpidos, geniales, invisibles, rojos, imposibles. No puedo. Mi cabeza es una inmensa olla de palabras, un enorme caldero al fuego, suspendido de un travesaño requemado. Un caldero que bulle desbordado de agua, hidróxido de sodio y grasa humana: desperdicios de la especie a la que pertenezco.

La saponificación es un proceso conocido, pero no por ello puedo esperar. Necesito echar más leña a la hoguera, hasta salir despedido, en forma de pompa transparente, temblorosa, infantil, con el viento al soplar sobre este pozo por todos conocido, el foso en que la vida nos ha metido. Volar sin más, en el aire, como una pompa diminuta, frágil, sin ninguna dirección ni sentido. Sólo como una esfera que se eleva sobre el suelo y que en su ascenso refleja, sobre su tornasolada superficie, la realidad distorsionada de lo que la circunda. Pompa o nada. Hacia el cielo, lejos, lejos del suelo. Y elevarse con pequeños impulsos, palabras sin mucha pretensión. Esquivar las miradas adultas con la ayuda de la fortuna y la indiferencia, hasta alcanzar los primeros metros. Después mentir, mentir para hincharse, inflarse, crecer, engordar el vacío interior de los primeros partos. Todos son caminos y todos son válidos, la verdad la inventaron los santos y para mí están ya todos muertos. La verdad es mejor disfrazarla, hasta que parezca mentira. Y proseguir el ascenso inmerecidamente, palabra a palabra, altisonante, insultante, exultante a fin de cuentas, me da lo mismo. Crecer como una pompa que se transforma paulatinamente en globo, estratosférico, obsceno hasta el extremo, como el planeta, como un planeta o un sol, rojo o verde, o negro como la miseria de la que todos estamos hechos, la que el día menos pensado quizá perfore esa fina película de agua y jabón en la que nos hemos convertido y con un sonoro chasquido, estrepitoso, como un pedo, nos devuelva a nuestra forma natural, a una gota minúscula, a una minucia. Y el aire o alma, que conteníamos, crecida a base de saponificar los desperdicios, se disuelva en la niebla del día y sea respirada por todos, y todos los ojos nos devuelvan el asco en la mirada.

Pero ser gota y haber volado, como la lluvia. Ascendido y muerto en la cima, destruyéndolo todo para caer estrellado en el asfalto, igual que una gota de tinta en un papel inmaculado. Derribado, sí, pero habiendo oteado el horizonte. Y sobre el papel convertirse en reguero de negra conciencia, en una línea estrecha y descendiente, que zigzaguea y paulatinamente vuelve a convertirse en palabra, escarbando el papel y ensuciándolo, como una pluma o cuchillo de acero que vacía las entrañas de lo blanco, y las expone públicamente, de nuevo, a sufrir el merecido e implacable peso de la justicia.

Gymnopédies Nº1 (Jesusito de mi vida)

Aquella canción, pieza como te gustaba llamarla, dos minutos y cuarenta y pico, lenta y dolorosa, lente et douloureuse se ha ido, Jesusito. La cinta que me grabaste cuando te empezaron a flaquear las manos se borró ayer sin yo quererlo. Me sabe mal, Jesusito, me sabe mal. Por eso he venido.Perdona que te traiga estas letras escritas y no te las lea de viva voz, pero la vista ya no me acompaña, y la memoria para saber dónde puse las gafas la semana pasada tampoco. Han pasado años ya, verdad, y sigues como aquí, a ratos. Este último tiempo he venido poco, o nada dirás. Apenas me dejan salir de la residencia sola. Ves, eso nos pasa por no querer tener niños. Nos las apañamos bien de jóvenes pero cuando la cosa se puso fea me dejaste con los silencios, esos silencios tan tuyos. Me acuerdo de nuestras discusiones sobre música, y de Gynopédies Nº 1, la primera canción moderna de piano que me gustó. Yo aplaudía antes de que terminaras, y tú me reñías porque el último compás de silencio decías que también era música. ¡Qué cosas! Y los paseos por los Campos Elíseos después de tus conciertos, y te decía si ya podía hablar o si tu taconeo seguía dentro del último compás.

Y después el alzheimer y nos volvimos. Te lo cuento como si no lo supieras, pero con esa enfermedad, Jesusito, es como si no lo supieras. Y me grabaste Gymnopédies Nº 1 con el magnetófono que nos regaló mi hermana aquella primera Navidad de vuelta en España. Para que me escuches cuando ya no pueda tocar. ¡Ay, tus pruebas de acústica! Con esa castaña de magnetofón, que luego me dijo que le costó dos perras un día que nos enfadamos, y tú pensando en la acústica. Decidiste meterlo en el piano, bajo la tapa, porque se grababa mejor. Y cada vez que lo he escuchado desde que te fuiste, con el sonido de la tapa cerrándose y abriéndose, o abriéndose y cerrándose, al principio y al final, parece que salieras tú del ataúd para tocarla. Sor Camino me lo decía, la muy bruta: ¡Guarde esa cinta que bastantes muertos tenemos aquí cada año como para escuchar a Jesusito el vampiro!

Ya he ido a la revisión esta mañana y don Ignacio me ha extendido un cheque de doce meses si cuido de catarros, caídas y colitis (las tres ces, como se las conoce y se las teme). Pero el cuerpo, qué penita de cuerpo, Jesusito. Si lo vieras, con esos ojitos de músico loco, dirías si te pinto de negro pareces un semitono. Ahora sí que parezco una francesita, eso me dice Tomás, Aladino que yo le digo, todo el día con el clarinete para arriba y para abajo. Sor Camino le grita Aladino, calle ya un poquito, pero ese sí que no sabe lo que son los silencios.

Y Manuela me dejó la habitación para mi sola… Se fue con la tercera ce y casi me lleva a mí detrás gaseada como en Auschwitz. Ahora, alguna noche, viene el Aladino con su clarinete y me dice unas cochinadas que no veas. Le digo, toca, toca, que así no hablas, pero se me mete en la cama y me dice que su lengua es mejor que los dedos de mi difunto. El clarinete es el instrumento de los mejores amantes, me dice el muy guarro. Y yo le ponía la cinta en el magnetófono, aunque ya casi sólo se oía la tapa abrirse y cerrarse. ¡Pero ay anoche, Jesusito! Le pongo al play, sale la tapa y en lugar de nuestro Gymnopédies Nº 1, me suena la marcha de la procesión del Corpus en clarinete, que me la ha grabado encima. Entre tapa y tapa, Jesusito, y ya no te tengo. Te dejo aquí el magnetófono, igual tú puedes con esto.

Besos,
tu Anita

Sobre el arte moderno

El arte moderno es una profunda incisión en el cuello, un corte limpio de la arteria yugular del espectador y la sensación de que la sangre brota a borbotones por entre unos dedos que no alcanzan a cortar la hemorragia. El arte moderno es un impacto tan descomunal en el entendimiento de la belleza que desestabiliza todo el organismo: un cambio en el ritmo cardiaco, una sensación ausencia progresiva de óxigeno en el cerebro y la repentina intuición de que el final está ya muy cerca. El arte moderno, aunque no es más que vivir esta vida, se parece más a morir que a otra cosa.

Pienso

Dos miradas se observan mutuamente,
como dos hondos pozos contrapuestos
sabiéndose vacíos de agua y luz,
silencio de la piedra, grito seco
de musgo, el mundo y yo conmigo.

Dos espejos enfrentados sin consciente
vida que interprete sus reflejos,
profunda fuga de imágenes, cruz
del ser sin saber, planteamiento ciego,
razón y emoción de terco sentido.

Dos caminos paralelos se escuchan
uno a otro las pisadas, el miedo
a perder el rumbo, la noche azul,
sólo una meta: la luz, calor del fuego,
parar sólo al saber a dónde he ido.

Dos ecos se silencian frente a frente
con preguntas talladas por el tiempo,
calma esperada, suma de nada, tú
como un plegar de alas, rumor cierto
de morir ignorando lo vivido.

Dos horizontes de un mar, este y oeste
abrazan en la nada el mar océano,
amanecer durmiente, ocaso y sur
batiente contra un norte que no encuentro,
la orilla, yo, las olas y el destino.

Dos somos dos que en uno solo y siempre
vacío de la nada y todo aún creo
que nunca sabré más que este otro tú,
yo pensante, que me observas y te observo
pensando que si pienso es que no existo.

(“Pienso” forma parte de la serie “Interferencias del vacío”) 

Órbitas

Universo escaso de materia,
lleno de preguntas en la frontera
de la nada.

Espacios inertes entre átomos
como planetas que orbitan perdidos
en la nada.

Imagino el cielo con estrellas
apagadas, los astros no me pesan
casi nada.

¿Qué somos, pompas, pellejos, vacíos,
espejos sin reflejo, caminos
a la nada?

Tan sólo
senderos que observan,
perdidos, cansados,
la vida que pasa,
y buscan
de nuevo tus ojos,
perdidos, cansados,
y no hallan respuestas
a nada de nada.

(“Órbitas” forma parte de la serie “Interferencias del vacío”)