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Pienso

Dos miradas se observan mutuamente,
como dos hondos pozos contrapuestos
sabiéndose vacíos de agua y luz,
silencio de la piedra, grito seco
de musgo, el mundo y yo conmigo.

Dos espejos enfrentados sin consciente
vida que interprete sus reflejos,
profunda fuga de imágenes, cruz
del ser sin saber, planteamiento ciego,
razón y emoción de terco sentido.

Dos caminos paralelos se escuchan
uno a otro las pisadas, el miedo
a perder el rumbo, la noche azul,
sólo una meta: la luz, calor del fuego,
parar sólo al saber a dónde he ido.

Dos ecos se silencian frente a frente
con preguntas talladas por el tiempo,
calma esperada, suma de nada, tú
como un plegar de alas, rumor cierto
de morir ignorando lo vivido.

Dos horizontes de un mar, este y oeste
abrazan en la nada el mar océano,
amanecer durmiente, ocaso y sur
batiente contra un norte que no encuentro,
la orilla, yo, las olas y el destino.

Dos somos dos que en uno solo y siempre
vacío de la nada y todo aún creo
que nunca sabré más que este otro tú,
yo pensante, que me observas y te observo
pensando que si pienso es que no existo.

(“Pienso” forma parte de la serie “Interferencias del vacío”) 

Órbitas

Universo escaso de materia,
lleno de preguntas en la frontera
de la nada.

Espacios inertes entre átomos
como planetas que orbitan perdidos
en la nada.

Imagino el cielo con estrellas
apagadas, los astros no me pesan
casi nada.

¿Qué somos, pompas, pellejos, vacíos,
espejos sin reflejo, caminos
a la nada?

Tan sólo
senderos que observan,
perdidos, cansados,
la vida que pasa,
y buscan
de nuevo tus ojos,
perdidos, cansados,
y no hallan respuestas
a nada de nada.

(“Órbitas” forma parte de la serie “Interferencias del vacío”)

Magdalena

Te recuerdo otra vez, otro día,
pidiendo a gritos amor
con tu voz prostituida.
El destino marcado,
tu conciencia siglos ha escrita.
Dedicada al placer de los olvidados,
de los sin razón odiados,
de los prohibidos.Sexo servido en una sutil celosía,
hoy sigues esclava María.
A otra bestia, 906, sumisa.
Antes real, hoy digital.
Salvada una vez, Magdalena,
salvada una vez y ahora perdida.

Vacío

En la espesa niebla
de tu indiferencia
el hombre agita sus brazos,
adivina impotente agonía,
intenta cortar violento
la densa huelga de abrazos
y simples miradas perdidas.

En la espesa niebla
de tu sinsentido
desiste de aire cansada,
aspira enfermo el vapor
y muere ahogado en la nada.

Bienvenido

Perdido hoy en tus ojos quise encontrarte de nuevo como aquel día, como el primer día. Con la ilusión del recién llegado y el miedo a la distancia, con tu corazón dispuesto a demostrarse a sí mismo que había un lugar en el mundo en el que cumplir sus sueños. Junto a ti una pequeña maleta testigo del triste pasado, compañera de un incierto destino. Tu pasaporte abierto descansaba sobre la mesa de un agente aburrido por la rutina. Habías llegado a esta tierra de labios extraños que saludan pero no besan, y el sol, que no sabe de leyes, coloreó pronto tu rostro inquieto, bienvenido, extranjero.

Mujer amada

No te preguntes cómo he llegado hasta aquí.
No me mires con esos ojos
ni quieras saber cómo me llamo
porque no te lo diré.
Por más que lo intentes
no acertarás a pronunciar mi sagrado nombre,
porque surjo de la nada
y desaparezco entre las sombras.

Me conoces,
he comido contigo miles de veces,
he bailado abrazada a ti cada noche,
hemos hecho el amor lo suficiente
como para que no seas capaz de olvidarme.

Mi abrasador tacto te aturde,
mi aliento de brisa te desquicia,
mi voz te derrumba.
Soy la mujer que anhelas cada día
y persigues cada noche,
la que te embriaga con un beso
y te tumba con un golpe de cadera.

Mi cuerpo es El Cuerpo,
mi mirada La Mirada,
mi voz La Voz.
No intentes atraparme porque no podrás,
sólo me quedaré si me apetece.

Soy libre porque no existo sin amor,
porque cada vez que te amas me dejas de amar
y desaparezco entre la maleza que descuidas.
Vivo y muero cada día, cada hora.
No sabes dónde encontrarme
hasta que ya estoy a tu lado.
Soy todas y soy una,
tengo mil caras y ninguna.

Contigo llego,
en ti amanezco.
Sobre tu piel florece mi piel,
sobre tu beso mi beso.
Conmigo ves aparecer
ante ti el bosque al que temes,
el que disfrutas con miedo.
El viento agita las ramas, ¡no temas!
Es sólo placer, algo de sexo.
Déjame demostrarte mi poder,
olvídate ya del pasado.
No intentes buscar un rayo de luz
que rompa esta intimidad.
En la oscuridad de este sueño
te haré sentir de nuevo aquello
que una vez creíste haber hallado.

Pero en mí no has de buscar
beneficios mundanos,
no los hay.
Mi cuerpo no esconde fruto,
no soy mujer de provecho.

¿Cuántos nuevos rostros
necesitas que te muestre?
¿Cuántos más para que entiendas
que el amor sólo es amor si es inútil?

En tus sueños me intuyes,
en tu vela deserto.
Obligada a mudar cada rato
la humana piel que tan grato
me abriga.

Del amor que me niegas
se alimenta esta eterna
huida a la que condenada
me siento.

Sí,
a ti te hablo,
hombre que ama.
Yo soy poderosa,
yo soy mujer,
yo soy amada.

Mi nombre jamás lo sabrás
porque aquél que conociera mi nombre
podría llamarme cuando le interesara.
Aquél que mi nombre dominara
podría tenerme a su antojo.

Ah…
si supieras que en cada caricia me enredas,
que en cada improvisada sonrisa me pierdo,
que en cada callado beso me olvido…
pero eso sería demasiado decir.

Cierra los ojos, respira tranquilo.
Calla tus labios… escucha.
Siéntate… descansa.

Hoy estoy aquí para que no sufras,
y puede que esta vez me quede para siempre.

(Forma parte de la obra de Teatro basada en monólogos “Corazones Negros”)

Cupido

Cupido,

demonio que envenenas corazones disfrazado

con tu ilógica e insensata puntería

y nos dejas de un flechazo enajenados,

retorna a los dominios del Olimpo

donde puedas practicar con otros seres

que no deban ajustar cuentas al tiempo.

 

Vete,

que jugar con las almas no es regalo

de los dioses, a juzgar por lo vivido.

 

Vuela,

que cuando a uno hieres sin motivo

olvidas la otra flecha en la otra mano.