No hay nada parecido a viajar. Estoy en un Starbucks desayunando un domingo a las 11, cosa rara ya que ayer no salí (me hago mayor), sentado junto a la ventana fría de marzo siberiano este año y dos mesas más al fondo hay un chico con un cafe en taza de porcelana (sí, de porcelana) y suena One Headlight de The Wallflowers (Jacob Dylan). Está leyendo una guía Lonely Planet de Tailandia. Lleva más de 10 minutos en la misma posición. Me imagino que habrá usado sus manos en algún momento para pasar página, pero yo no lo he notado.
Se me ha ocurrido pensar que en este momento es un cadáver feliz. Un cuerpo inerte mientras su mente realiza un cuasi-viaje astral en Tailandia. Quizá la canción de los Wallflowers de Dylan haya colaborado a provocar este fallecimiento corporal transitorio de la misma forma que a mí me ha hecho coger la Blackberry y escribir esta pequeña crónica (eso, y la insistencia de Beatriz para que escriba más).
Creo que la necesidad de escribir está directamente ligada a la infelicidad, no siempre, pero en mi caso casi siempre. No escribo ya porque cada día soy más feliz. Ni los médicos han conseguido entristecerme este último año. Este chico debe estar triste… con qué facilidad nos ha dejado a su taza de café y a mí en esta fría mañana de marzo frente al ventanal de la calle Alberto Aguilera.
Y mientras su cuerpo se va enfriando al tiempo que el café, su mente debe estar recorriendo templos, selvas y playas… Sorprende incluso más saber que es una guía Lonely Planet, libro gordo casi sin fotos, todo pura experiencia literaria. Su mente reconstruye las experiencias del reportero viajero utilizando los recursos de la lengua castellana (posiblemente tras haber sufrido las mieles de la traducción).
…
Dios mío, el chico acaba de resucitar y antes de irse se ha puesto el abrigo azul con la urgencia con la que cubren a los náufragos que llegan a nuestras costas. Las ilusiones sobre mundos mejores también hacen cometer locuras, de eso no hay duda. Es una pena pero, al final, el cuerpo también es importante.
(Como desconfío de mis infelices cualidades descriptivas, dejo una foto a modo de ilustración). Feliz domingo.

quizas es la “búsqueda”; que paramos estando felices. Quizas la expresion, alivio, vómito a modo de catarsis… pero no pares…
Si has escrito esta entrada en el teclado de tu Blackberry, amigo Pez, me postro ante tí.
En pie, Jon, que no es para tanto.
Yo también he escrito mejor cuanto más dolido he estado. Creo que la percepción aumenta, la sensibilidad se desborda y nos hace ver todo de una forma especial, aunque dura. Enhorabuena por el post! Me declaro fans.