Archivo mensual: julio 2007

La vida falsa

Hay veces que pienso en las cosas que no he hecho. No en el sentido de la falta de iniciativa, ni tampoco en el de no tener la oportunidad de hacer por estar alejadas de mi estilo de vida. Pienso más bien en esas cosas, situaciones, ocasiones, tentativas de decisión, que en el último momento no han sucedido, quizá por casualidad o quizá no. Pero todas ellas, que de alguna manera han sido meditadas, masticadas, prefiguradas, especuladas, conforman un universo paralelo de aquello que no he hecho, que no he sido. Y aunque si bien en la línea del destino se encuentran en trayectorias paralelas, porque la decisión afirmativa sobre alguna hubiera desembocado con total seguridad en un escenario vital diferente, yo las imagino todas ellas de alguna manera entrelazadas, existencias de un mismo universo inventado. La vida que nunca tuve, trágica, visceral, apasionada, loca. La vida que no estaba llamada a ser vivida, la vida falsa, la vida de veras.

Viaje en el espacio-tiempo

Comer en Sudestada es una experiencia ya de por sí demoledora para los sentidos. Si todo sentido aplicado a la comida tiene algo de prejuicio, el lugar, los acentos argentinos, la textura y sabor de los platos y la ambientación musical están más allá de todo prejuicio. Sudestada es la sorpresa absoluta. Pero no quería yo hoy hacer crítica gastronómica después de la crítica musical de ópera de ayer. Sé que a Nicho le gustan mis artículos-crítica, pero con uno ya tengo bastante por estos días.

A lo que iba surge de Sudestada pero va mucho más allá, porque salía de comer con mi amigo Nacho e íbamos ambos un poco traspuestos por la experiencia extra sensorial (un poco flipados para ser claros) cuando frente al contenedor de papel que hay junto al local encontramos unas cinco revistas descoloridas de los ochenta. Y uno, que puede ser cualquier cosa menos discreto, decide agarrar una para ver si era posible semejante hallazgo en el Madrid del dos mil y pico. Ama se llamaba esta publicación y, porque ahora no tengo un escáner a mano que si no, colgaría la portada en el blog. Tremenda mujer de pelos imposibles es la imagen del número 525 de octubre, segunda quincena, año 1981 (80 pesetas).

Nos ponemos a hojear-ojear los artículos y anuncios, la mitad de ellos relacionados con el ganchillo, el punto de cruz y sus labores, todo un viaje astral para mi cuerpo serrano. Buscamos un taxi y ante la inexistencia del mismo comenzamos a caminar. No me pregunte la audiencia cómo pero, surgido de la nada, se detiene un taxi modelo troncomóvil que nos llama para que nos subamos. El buen hombre nos obliga a enfundarnos los cinturones de seguridad y comienza la ruta de reparto de los dos ejecutivos poco agresivos.

Mientras, seguimos atónitos esa publicación, esas fotografías hoy extintas. Entonces irrumpe con intensidad un tema musical de un puro estilo Joseliteño (si existe el término) que versa sobre la ciudad de Barcelona. La letra bien podría ser (no lo recuerdo bien) “Barcelona te regalo una corona, para que luzcas una guirnalda, sobre tu provincia hermosa”. Monumental.

Dejo a Nacho en su casa y continúo mi viaje astral por la España de la pre-post-dictadura. El taxi se detiene en un semáforo de la glorieta de Cuatro Caminos que, ya sin puente-viaducto, ha recuperado la estética cincuentera. En ese instante el conductor me indica: “vaya como está la de verde, imagínese como estará de madura”. La joven no escuchó el piropo.

Entonces, desciendo de nuevo la mirada a la página trece, cartas de las lectoras, y completo la odisea astral con este pequeño fragmento que les paso a relatar:

Desde hace algunos meses estoy suscrita a su revista AMA, que realmente me gusta mucho. Quisiera pedir, si es posible, me digan cómo se hace el punto de garbanzo.
Firma: Carmen Hoyos

Nos imaginamos que te referirás al punto de garbanzo hecho con agujas de media, porque ya sabes que hay otro que se hace con ganchillo. El punto de agujas se hace así: monta 19 puntos para que hagas una muestra y trabaja: 1.ª vuelta: del revés (derecho del trabajo). 2.ª vuelta: 1 derecho * trabajar 3 puntos juntos del revés; en el punto siguiente hacer 3 puntos (1 derecho, 1 revés, 1 derecho)*. Repetir de * a * hasta el final. 3.ª vuelta y todas las impares del revés. 4.ª vuelta: 1 derecho, *en el punto siguiente hacer 3 puntos (1 derecho, 1 revés, 1 derecho), 3 puntos juntos al revés*. Repetir de * a *. 6.ª vuelta: repetir desde la 2.ª.

Madama Butterfly en el Real

Bajo los focos, ante las cámaras. Público que observa al público que observa. Un escenario que gira transponiendo los planos, jugando con el travelling de la cámara cuando es realmente la escena la que se mueve. Una más que notable dirección de escena de Mario Gas y una soberbia dirección musical a cargo de Plácido Domingo. Así es Madama Butterfly, el último estreno del Teatro Real de Madrid.

Un juego escenográfico en el que la dramática historia de John Luther Long es rodada en cine. Director y actores esperan la llegada del público sobre el escenario, en los prolegómenos del “cinco y acción”. El primer acto pasa ante mis ojos y oídos sin pena ni gloria, quizá como en aquel primer estreno de febrero de 1904 que obligó a Puccini a introducir cambios.

El segundo acto es ya otra cosa. Tras el solitario “Un Bel Di Vedremo” comienza la apoteósica interpretación actoral, dejando casi en un segundo plano la interpretación musical de todo el reparto: un ejercicio de orquesta y actuación teatral que superan la partitura de Puccini. Y luego llegó el final del segundo acto: un momento de insuperable intimidad, bajo las cámaras que lentamente acechan a la protagonista, un instante que arrancó alguna que otra lágrima.

Silencio, oscuridad. La orquesta afina de nuevo a 440. Vuelve la luz, vuelve el drama, tercer acto. Sostenido el público de un fino hilo de seda, igual dió que se bordara el “Addio Fiorito Asil“, estaba ya todo hecho.

Una historia sin historia

A veces dígome a mí mismo qué pasaría si comenzara una historia sin historia, un relato sin argumento alguno. Comenzar a teclear sobre una peripecia cualquiera, real o inventada: hacer volar la imaginación o dejar que la inventiva se arrastre por el suelo. Lo más probable es que la historia comenzara de alguna manera igual que este relato, con una breve introducción para calentar al espectador, lector, mientras se me ocurre algo ingenioso o me viniera algo a la memoria. Seguramente ocurriera lo que ahora, que se acumulan las líneas sin tener algo, nada que decir. Incluso puede que se acumularan las palabras, nombres, adverbios, conjunciones copulativas y copulantes verbos, conjugados frívolamente y espolvoreados de epítetos y especificativos adjetivos que darían al texto un tono pedante y relamido. Podría incluso llegar el momento de borrar lo escrito, o incluso concluirlo esperando que alguien entendiera en todo ello una genialidad, una ocurrencia. Pero también podría continuar, describiendo la mayor y la menor de las cosas que me circundan como si de una gloria o desgracia trascendente se tratara. O quizá seguir sin más, escribiendo como quien escucha el teclado de un piano sordo, mudo más bien, línea tras línea, letra tras letra. Entonces es probable, según dicen los expertos, que en un momento llegase la inspiración, una fina línea argumental a la que agarrarse, ese hilo del que tirar, sin desesperación pero desesperado, esperando que tras él llegue lo esperado…