Archivo mensual: diciembre 2005

Casi todo el tiempo

“Como me dijiste que sería,
así es,
casi todo el tiempo”

Una historia correcta, una vida sencilla. Los días… los días pasan, atraviesan monótonos las frías tardes de invierno. Sigo en aquel trabajo, y viajo mucho. Atiendo las peticiones estúpidas de grandes corporaciones, escribo y des-escribo, copio, pego, sonrío. Todo como dijiste. Todo igual. No me he casado todavía, tengo miedo. Aún creo ser demasiado joven, soñando con la libertad, casi todo el tiempo…

Y tú… tú seguirás estudiando, y mejorando tu francés, niña londinense en París. Tú vivirás la vida de jóvenes que yo ya una vez viví en otros lugares. Estarás quizá con tus amigas, corriendo bajo los soportales de la Place des Vosges con las mejillas acaloradas. O besando a desconocidos en cafeterías de Montmartre, quién sabe, un domingo por la mañana:

Llegarás quizá de nuevo con tu taza y tu croissant, y con uno de esos zumos embotellados que los franceses tan caros saben vender. Te desabrocharás el abrigo y te desenroscarás la bufanda, azul, verde, gris, roja, quién sabe. Sacarás tu pequeño diario y mirarás al extranjero que se sienta solo al fondo del café, y quizá le dediques una de tus luminosas sonrisas. Y entre frase y frase, algún cabello rubio de tu coleta bailará al son de tus miradas, hasta que aquel extranjero se levante y te pida fuego. Entonces te apartarás a un lado en ese banco negro de madera despintada y, mientras él se sienta, le pedirás un cigarro. Y hablaréis de la vida y lo imposible, y compartiréis un trago de zumo, el café y el cenicero. Luego caminaréis por la Place du Tertre ese lluvioso día de enero, quizá, y os detendréis en los pequeños puestos de pintores. Y tú posiblemente le regales un pequeño óleo del Sacre Coeur. Y puede que paséis el resto de la mañana entre calles y plazas, tú con tu liviano brazo en su cintura y él con su mano sobre tu hombro. Y así, cerca del mediodía, llegará un último beso con sabor a café, y le dirás entonces que tú deseas para ti la vida que él ya tiene para sí, casi todo el tiempo…

Así es, una vida sencilla, como dijiste que sería, casi todo el tiempo. Y desde el sofá en el que hoy se abrazan a mi cintura, mientras pasa esta tarde de domingo, yo observo ese pequeño óleo colgado en el salón. Y cierro los ojos… mis ojos, que sólo recuerdan tu sonrisa. Entonces me levanto y me preparo un café.

2005

La realidad de los días, las brumas
que no pasan,
…………………….la monótona vida.
Las voluntades que atenazan…….los deseos,
los espejismos cercanos,………………..el sueño.

Los silencios del cuerpo, los gritos
del alma,
……..los forasteros
y los libros.

El serpenteante vacilar de las decisiones,
…………….el vacío
………………………y la calma.

Todo está donde estaba,
todo descansa
……………………en casa,
todo duerme
y todo muere.

Los cambios vinieron,
creció la inmensa mar,
……asfixió las constancias…………..y los mitos.
Los cambios vinieron y se fueron,
con el mar
y su rastro hospitalario:……………….el horizonte.

Ajenos destinos hoy yacen en casa,
al abrazo del futuro.
Será el próximo año.

(“2005″ es el último poema de la serie “Interferencias del vacío”) 

Nada

No se me ocurre nada. Pasan los días en esta soledad neuronal, ni un pensamiento interesante, sólo un vacío hueco, eco, eco… y me acuerdo de muchas anécdotas con las que podría decorar este árbol navideño, posts como bolas, esféricas, distorsionadoras de la realidad circundante, pero no toman cuerpo, todas se caen, y botan y rebotan y se marchan por la puerta, bota, bota, bota… y bajan las escaleras y casi ya ni las oigo, bota, bota, bota… salen del portal de casa y las veo por la ventana, rebotando en las cabezas de los transeúntes, mullidos botes a veces, en peinadas cocorotas de laca navideña, secos botes otras, sobre escarchadas calvas, bola contra bola como en un billar… y siguen botando sobre la acera y el asfalto, parabrisas de vehículos, copas de árboles casi sin hojas, botan en charcos, en perros sin collar, y al final parecen detenerse en el cristal de la pastelería que veo enfrente, pero entonces empiezan a rodar, calle abajo, hacia otras casas quizá…