Agítame con dulzura pero también como un severo castigo
que el amargo completa las notas de sabor de los cócteles
los vinos fermentan en barricas de calma y dióxido de carbono
como el tedio y la desesperanza habitan en el alma del hombre.
Revúelveme con energía pero también con templanza
que la disciplina de los adultos completa la educación de los jóvenes
y las campanas llaman al recogimiento y al regocijo del cuerpo
como tu voz acompaña el lento caminar de un peregrino sin templo.
Sacúdeme de esta mansión de silencios en que amaneceré mañana
ventila mis estancias de polvo y ácaros suspendidos como si fueran
púas de un tenedor de luz que nace de estas entornadas persianas
a imagen de tu imagen en la sombra y cristal de cada mañana.
Báteme fuerte sin compasión sin remilgos sin prudencia sin miedo
aplícame las energías que liberan mil enchufes corrientes como mi vida
remuéveme la espera condensada en nata sobre mi café con leche
disuélveme toda esta cordura imprecisa que me sobra y a ti te falta.
(“De la cordura y la calma” forma parte de la serie “Interferencias del vacío”)