Archivo mensual: mayo 2005

Las aceras

Será quizá que hay mañanas de sábado en las que Madrid tiene menos cielo del habitual. Hoy me decido por el suelo. Después de leer medio diario en un café salgo calle Princesa abajo, objetivo Gran Vía. La Plaza de España siempre te despeina las ideas, con su ventarrón como un soplamocos bien dado.

Me pregunto por qué voy siempre por los pares. Creo que la acera de los pares es ya la acera del mundo al que cada día menos pertenezco, la acera de las matildes, de las grandes corporaciones, de los omnipresentes medios de comunicación. Es la acera del norte, de los privilegiados, de los elegidos para la gloria. A mi la gloria me queda muy lejos, esa gloria que vive de chaqueta y muere ahorcada de corbata. Decido un cambio de acera, que ahora tanto se estila.

¡Acera de los impares, acera del sur, camino de letras, de sombra en la tarde! Se ven altos los edificios de enfrente, sus ventanas oscuras, sus grandes centros comerciales. Hoy dejé cargando mi nuevo móvil en casa pensado que volvería tras el desayuno. Me apetecería llamar a alguien y contarle esta pequeña reflexión. Tampoco veo cibercafés abiertos. ¡Si pudiera dejar algunos pensamientos en mi acuario digital! Esperaré a la tarde.

Desde esta acera sin par el mundo es el mismo, pero se ve más hermoso. Asciendo a Callao y el camino me parece nuevo. En la plaza, entre socavones, saltan alegres mis ilusiones. Madrid es cada día más Madrid, el centro más centro. Desde los pares se veía de otra manera: triste lo pobre, gritón lo sucio. En la acera sur somos todos inmigrantes, todos alegres y sucios, todos madrileños.

El cielo sigue nublado. Descanso una hora en la Fnac, ojeo algunos libros de arte y de poesía. Busco alguno de Leopoldo María Panero y encuentro “Guarida de un animal que no existe”. Empieza así:
Cuando en el crepúsculo las ancianas sollozan,
acudes tú Belial
a borrar con una esponja de vino los pecados
Y a convertir en vino el pan dorado
el pan que dora el sufrimiento de los locos
el amargo pan de la muerte
y escucho tus pasos venir, venir a ayudarme
y respondes, tú solo respondes
a ese grito de la habitación a oscuras.

Qué gran suerte ser buen poeta, aunque vivas en un psiquiátrico.

Sé que quedan números por recorrer, que la calle termina en Alcalá, pero hoy ya no interesa. El pulso ha cambiado, los pasos ya no van a sonar igual. Me siento en el auditorio de la Fnac, cierro los ojos y termino el paseo junto a Leopoldo (él en su manicomio y yo en el mío) ahora por la acera de los números imaginarios.

Mañana

Precede a mi risa
Cosquilla de niño
La nada nos queda.

Descansa de sueños
De dulces recuerdos
La noche te mima.

Mañana te espera
La vida de adulto
Mañana y mañana.

Los juegos durmieron
Los pesos vinieron
Las risas partieron.

Haiku – 18 de Mayo

Granos de arena
bajo mis lentos pasos,
cruje la tarde.

Luz y…

Luz y cosas,
casas de aire que flotan
de algunos hilos de vida

añil de paredes ciertas
distancia de mañana
atardeceres
paisaje
Cádiz

vivir en el abismo de esta realidad
vivir en el abismo
vivir

luz y cielo
azul y añil la luz
de sus olas de roca

haber nacido tantas
mañanas lejos
sorpresas
nuevas
y Caños

dormir en el abismo de su tierra
dormir en el abismo
dormir

luz y luz,
en la mañana otra vez
esta mañana
en ti

piel de sol bañada
por el viento y las olas
olas de luz
de nuevo
Cádiz

por fin en el silencio de tu risa
por fin en el silencio
por fin.

(“Luz y…” forma parte de la serie “Interferencias del vacío”)