Piernas desde los dedos,
desde tus pies de fruta
que me acarician.
Alas de plomo y dedos de pluma
sobre mi cara,
desnuda.
Piernas y pies que dibujan
el alma de cada beso
sobre la arena,
y reviven
lo que un día
de ti fue íntima huella.
Pies y tú, bajo la sombra
de mi espalda aquella tarde,
pisaban descalzos mi casa
y tu casa,
corrían descalzos la calle
perdiéndose en la mañana.