Dos miradas se observan mutuamente,
como dos hondos pozos contrapuestos
sabiéndose vacíos de agua y luz,
silencio de la piedra, grito seco
de musgo, el mundo y yo conmigo.
Dos espejos enfrentados sin consciente
vida que interprete sus reflejos,
profunda fuga de imágenes, cruz
del ser sin saber, planteamiento ciego,
razón y emoción de terco sentido.
Dos caminos paralelos se escuchan
uno a otro las pisadas, el miedo
a perder el rumbo, la noche azul,
sólo una meta: la luz, calor del fuego,
parar sólo al saber a dónde he ido.
Dos ecos se silencian frente a frente
con preguntas talladas por el tiempo,
calma esperada, suma de nada, tú
como un plegar de alas, rumor cierto
de morir ignorando lo vivido.
Dos horizontes de un mar, este y oeste
abrazan en la nada el mar océano,
amanecer durmiente, ocaso y sur
batiente contra un norte que no encuentro,
la orilla, yo, las olas y el destino.
Dos somos dos que en uno solo y siempre
vacío de la nada y todo aún creo
que nunca sabré más que este otro tú,
yo pensante, que me observas y te observo
pensando que si pienso es que no existo.
(“Pienso” forma parte de la serie “Interferencias del vacío”)