Palabras ||||||| Bautista Nicolás

El final de Arquímedes

Enero 5, 2004 · Deja un comentario

Curioso es al menos que las verdades incontestables de la ciencia no se puedan aplicar a las relaciones entre los seres humanos. Este mundo se rige por las leyes de la naturaleza, leyes matemáticas que empezamos a conocer desde hace apenas un puñado de siglos, leyes físicas y químicas que explican la atracción entre los cuerpos, la relación entre la fuerza aplicada y la velocidad alcanzada, entre la mezcla de componentes químicos y la temperatura que alcanza la reacción, el compuesto final y el calor liberado. Somos la suma consciente de un conjunto de fórmulas que regulan la interacción de cada uno de nuestros componentes y la interrelación con nuestro entorno.

No se me olvida el último siglo y los avances en teoría de caos, la dualidad onda-corpúsculo de la luz, la relatividad de Einstein, de igual forma que tampoco se me olvida el Principio de Indeterminación de Heisenberg: “Es imposible conocer simultáneamente la posición y la velocidad del electrón, y por lo tanto determinar su trayectoria; cuanta más precisión se obtenga en conocer su posición mayor error se comete en conocer su velocidad y viceversa”.

Yo creo que fueron las veces que te pregunté si me querías lo que hizo que dejaras de amarme. Mis dudas y tu silencio, mi esfuerzo y tu aparente indiferencia. La avalancha de besos y detalles cotidianos, llamadas y cafés, y mi tiempo, el que ahora me sobra. Pero es que cuando me enamoré de ti yo me regía por la física de Newton y la estupidez de Eva, seducidos ambos por dos malditas manzanas. Principios de acción y reacción, de dos más dos siempre son cuatro… pero no lo fueron.

Todo avanzaba a un hermoso ritmo y sentíamos los árboles pasar, como ahora. Caminábamos juntos, pero yo me empeñé en averiguar a dónde, y a fuerza de preguntar me confirmaste que a ninguna parte. Ahí nos quedamos: supe la posición pero alteré la velocidad. Nuestra trayectoria murió.Hoy sólo queda el espacio que dejaste y el tiempo que sin ti se consume, mis libros de física y este paseo rutinario y vacío. Es el peso del volumen desalojado, como formuló Arquímedes, lo que provoca un empuje, pero en mi caso es hacia abajo. Debe ser que vivo en un mundo al revés y que empecé contigo por donde todos, probablemente, terminan.

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