El hombre es un pellejo con dos agujeros, la boca y el culo, y un camino que los atraviesa, principalmente de sentido único. Ese camino no pertenece al cuerpo, es como el agujero de un donut, que sin él no lo sería pero que realmente no le pertenece. La parte del universo que no somos atraviesa ese particular umbral a lo largo de nuestra vida, como un infinito cordón formando un rosario de cuentas engarzadas, en el que a alguno le ha tocado ser gloria y al resto avemaría. Porque estos pellejos secos que somos, caminamos colgados de la mano de un ser creyente que nos manosea, que pasa sobre la mayoría sin apenas detenerse. Virgen de los colgados, ruega por nosotros.
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