Dentro de 25 años un libro será protagonista de un programa informático al que habrán llamado virtual-realidad. Sus personajes, introducidos en un super-ordenador, observarán el mundo real desde unas inmensas pantallas de televisión colocadas en lo alto de los edificios. Don Quijote y Sancho tendrán la oportunidad de mirar las andanzas de los ocupados ciudadanos de la tierra. Para ellos, nuestras vidas serán como para nosotros las suyas han sido.
Algunos mirarán hacia arriba con ojos curiosos desde la acera, otros continuarán caminando con la vista pegada al asfalto y la prisa, pero también algunos, con gesto alegre y respetuoso, levantarán levemente su sombrero a modo de saludo mientras escuchan: “Sancho, ¿no es aquel señor que saluda, el joven muchacho que un día nos acompañó en pos de mi Dulcinea?”