Archivo diario: julio 3, 2002

Crónica de un erizo gaulteriano

 - PRÓLOGO -

Preocupación

No esperen en este prólogo una adulación del autor. Yo estoy preocupado a la par que perplejo. Círculos cercanos a Pablo pretenden convertir esta recurrencia en el acontecimiento literario del verano. No, esto no es el Premio Planeta. Más bien parece el Día de la Marmota. Algunos compañeros y sin embargo amigos, algunos amigos y otros que desconozco de parte de quién aparecen en la lista de distribución, algunos –digo– aguardamos con paciencia la llegada del dichoso relato, para seguir la tradición, sin más.

Círculos cercanos a Pablo han calificado su texto como “dibujo cónico de una realidad musical”. ¡Por favor! Intuirán, probablemente, que no es sino una degeneración de relatos de Elvira Lindo, sin nombrar a la Bicoca, que Pablo califica de cuento.
En nombre de la literatura, y sin esperar mucho de ustedes si es que son asiduos de “esto”, les pido que lean libros. Y a ti, amigo Pablo, otras dos peticiones. La primera: no digas que escribes los “cuentos de Andersen” porque trabajas en el edificio Windsor; es excesivo y ya puedes pasar página. La segunda es que dejes de enviarme tus propios comentarios como Círculos cercanos a Pablo, no cuela.

Mr. de Peistor

CRÓNICA DE UN ERIZO GAULTERIANO

Es caprichosa y repentina. Yerno, que suerte la tuya… que suerte la mía, sí. Cambiante del día a la noche, pero sobre todo de la noche al día. Irresistible bajo la luz eléctrica y la intensa preparación cosmética.

Bodas de verano, bacanales sociales de laca y carmín desprendido. Orgía de perfumes y orfebrería. Este año hay más, por supuesto, pero este año, al fin, voy a ser yo la estrella.

17:05

Se quedará de piedra, lo sé, lleva una hora en la toilette y no me ha visto. Lo he preparado todo a conciencia. Suerte que la acompañé a comprarse el vestido para la ocasión. A los dos días volví solo solicitando para mí algo espectacular… “Sus vaporizadas gasas perla serán el mejor fondo para este satinado traje hipercruzado de Gaultier” (así me lo soltó el agitado dependiente mientras me llenaba el tobillo de alfileres cual muñeca budú). ¿Y no me molestará este botón–erizo bajo la axila en los bailes? – le pregunté. Casi no entiendo su gesto arcada romana, debía indicar que ya no está de moda menearse con Paquito el Chocolatero.

18:00

¿Cariño estás lista? ¡Honey, ve bajando a sacar el coche del garaje, que estoy en un tris! (De dónde coño habrá sacado ahora ese cóctel californiovallecano). ¡Tranqui, my Cinderella, que ya me las apaño!

18:05

El portero me ha mirado sorprendido… “No me lo esperaba de usted, la verdad” – espeta, “váyase acostumbrando, buen hombre, esto es “fashion-la-nuite”, no está usted al día – le contesto.

18:30

Pues no baja, no… se me está clavando el maldito erizo y paso de llevar el coche con el codo estilo taxista. Deslumbrante querida, ¿qué te has hecho en el pelo? – le pregunto (a buena hora, me dice que se llama “flequillo ladeado al golpe de viento”). ¿Y tú, mi amor, que te ha pasado en la cara? – inquiere. ¿En la cara? Nada, que me he levantado de la siesta más exfoliado que nunca, cielo. Face scrub skin supplies for men ¿no lo conoces? Qué gusto da decirlo todo seguido. Pues parece que llevas dos horas vigilando que no se te queme el pollo en el horno – añade. Creo que no volveré a tocar el tema.

18:45

Tengo dirigidas todas las salidas de aire acondicionado hacia su cabeza, como un batallón de fusilamiento. ¿No tienes calor, amor? Luego no me digas que se te corre el rimel. Pero sorprendentemente el flequillo no se puso así de un golpe de viento, porque a mí, de rebote, se me ha congelado la oreja derecha y su peinado en cambio parece petrificado. Aparca ahí – me ordena – que parece que no hay tanto barro. No había barro, no. No había barro de su lado.

19:30

Nuestro acercamiento progresivo a la masa social que espera a la puerta de la iglesia con este traje hipercruzado nos hace ir prácticamente de lado. Llegó al fin el ritual masivo de los besos, tan laterales y empolvados que una adorable y restaurada abuelita, en su afán de esquivar mi carrillo en el citado acto casi me deja su pendiente de esmeraldas a modo de piercing de diez mil euros colgando de mis fosas nasales, y a ella una oreja desgarrada.

19:35

A los Martínez de Orujo no los soporto, pero ella ya ha salido muy disparada llevándose mi mano presa. Hola, Julián, ¿qué tal tus hijos? – con cortesía pregunto. Muy bien, pero no han podido venir, están en Yale este mes – responde. Qué asco, por Dios, qué asco dan esas eles palatales. Paso de preguntarle la pasta que se estará dejando, total, me lo dirá dentro de un rato. ¿Y que te ha pasado en la cara? – me pregunta. Nada, nada, Julián, déjalo…

19:54

Qué bonita está la iglesia, parece un belén visto así todo sobre el moño de la de delante. ¡Vamos, honey, que te toca leer! – me apunta mi mujer. ¿A mí, pero si yo no leía? Que sí, venga, no seas tontorrón, que nos está mirando toda la iglesia. Es que le da un poco de vergüenza – indica con su afinado timbre de voz. Ahora creo que sí que estoy rojo al golpe de viento y exfoliado por partida doble.

19:55

No se escupe para ver si suena –  me indica esta vez el reverendo reverenciado. Paso de explicarle en rueda de prensa y con video digital en directo que se me ha clavado el erizo buscando las bifocales y me ha salido una exhalación fortuita. Pero qué bien lee mi marido – adivino en los labios de mi reina con mis progresivas Varilux que para qué. ¡Amén no! – me increpa el reverberado – ¡Palabra de Dios, por Dios!. Palabra de Dios por Dios – termino. Risas. Rimel corrido. Triple exfoliación y en carne viva.

19:58

Con las bifocales el suelo parece el planeta tierra, esférico, lejano. Yo el Columbia, buscando una pista para aterrizar. Sobrevuelo el coro y, tras un picado en barrena sobre el moño navideño, me detengo junto a mi mujer. No te sientes  – honey – que no toca. No puedo más, por Dios de Dios, que el tiro Gaulteriano de este pantalón hipercruzado es inhumano, para eunucos, vamos.

20:25

Arroz, arroz. Millones de perdigones sobre mi epidermis dermosensitiva y revitalizada. Póngase ahí para la foto, bajo la sombra, que su cara está sobreiluminada – organiza el sobrino fotógrafo de CCC, y creo que lo de la sobreiluminación no era un piropo. Y apriétense un poquito, que no van a salir todos – completa. El que no va a salir ni con pinzas es el erizo endemoniado.

20:40

De vuelta al coche, alfombrillas de barro y golpe de viento huracanado al contacto de las llaves. El GPS del coche nos hace llegar casi a los postres, después de una ruta turística por los arrabales, y me toca en la mesa de los niños. Mi honey me dice que ni me queje, que bastante han hecho con acostar temprano al pequeño de los Pérez. Estos niños de hoy tienen unas conversaciones de lo más interesante.

23:00

El mocoso de enfrente, que hoy va de Harry Potter, me ha confundido con “El que no puede ser nombrado” (cosa que por otro lado llevo tiempo escuchando a mis espaldas en los pasillos de la oficina). Asegura que me puede hacer desaparecer al menor contratiempo. Si supiera lo que llevo ya encima me habría volatilizado con ese tenedor amenazante. Termino la cena dando pacharán a los menores y consigo al fin un poco de paz.

00:30

Dudo si mi mujer es aquella que está siendo sodomizada al ritmo del Paquito el Chocolatero por Felipe el chocolatero del pueblo de mi suegra. ¿Estos puros no serán de marihuana? Conociendo al novio… y a la novia… La barra libre al menos está libre. Doble Cardhu on the rocks y el camarero me contesta que sólo DYC en inglés.

01:39

Recupero a mi mujer ebria sobre los brazos de Felipe, la meto en el coche al golpe de viento y me exfolio de nuevo con el barro del aire acondicionado. Apago la colilla de marihuana sobre la pantalla del GPS y saco el coche on the rocks. Vuelta por los arrabales, doble exhalación fortuita con el erizo-botón hipercruzado en la sisa y con un moño postizo enredado en los pinchos con alevosía. Subida por las escaleras de casa bajo gesto preocupado de nuestro portero-la-nuite con mi honey en volandas de un Columbia bifocalizado en los peldaños convexos. Apertura de la puerta tras operación de ensamblaje en cerradura con mujer a bordo y aterrizaje forzoso, previo paso por la toilette en un tris. Dos oraciones por el descanso de nuestras almas, extirpación del erizo enquistado, pomada en el tiro gaulteriano a la par que hipercruzado y doble loción reafirmante de lo gilipollas que soy.