Archivo mensual: junio 2002

Magdalena

Te recuerdo otra vez, otro día,
pidiendo a gritos amor
con tu voz prostituida.
El destino marcado,
tu conciencia siglos ha escrita.
Dedicada al placer de los olvidados,
de los sin razón odiados,
de los prohibidos.Sexo servido en una sutil celosía,
hoy sigues esclava María.
A otra bestia, 906, sumisa.
Antes real, hoy digital.
Salvada una vez, Magdalena,
salvada una vez y ahora perdida.

Abuelita

Hoy es el día del feliz encuentro, en el que los largos caminos quedaron ya bajo tu paso decidido. Hoy, descansas aquí Rosalía, bajo este artesonado cielo de Macotera donde hace años te uniste a Ataulfo para convertiros en una sola alma. Por la puerta salisteis dispuestos a caminar cincuenta años juntos, años juntos de familia y alumnos, años de amor.

Hoy es el día del feliz encuentro, en el que la mitad de tu alma te espera un poco más arriba de este cielo de madera. Ya juntos podremos deciros, Ataulfo y Rosalía, que os damos las gracias por todo, que somos lo que quisisteis que fuéramos y que nos sentimos orgullosos de que así nos hicierais.

Hasta pronto, Rosalía, descansa feliz. En nuestro corazón nos quedamos con un poquito de ti para recorrer lo que a nosotros nos resta.

Hasta pronto, Rosalía, que papá ya te espera en la encina.

(Texto para el funeral de mi abuela Rosalía) 

Por turnos

Hace más de un año que mi hermano pequeño sabe comer en la mesa de los adultos, pero ahora hacemos turnos. Mi padre dice que mi hermana mayor se casa el año que viene y para qué comprar otra silla.

La sombrilla

El último día de las vacaciones llegué a la playa al amanecer. Mi mujer había decidido regresar a casa el día anterior para poner las cosas a punto. Escogí el sitio habitual de un asqueroso mirón que se deleitaba contemplando a mi mujer. Quité la funda protectora de la sombrilla y me empleé a fondo para clavar la base en la arena. Aquella zona parecía tener algunas rocas debajo. Esperé todo el día pero el hombre no apareció. Al recoger, retiré la sombrilla y encontré la punta manchada de sangre. Mi mujer aún no había llamado. Excavé lo más rápido que pude y enseguida reconocí la cara enterrada en la arena. Nunca me he atrevido a contárselo a mi mujer.

El bronceador

Siempre elegías el mismo lugar de la playa. Tu novio se dedicaba a poner la sombrilla mientras tú colocabas estratégicamente la toalla. Su cuerpo inflado de anabolizantes competía con la colchoneta en una intensa batalla con el hinchador. Tú te tumbabas boca abajo con las piernas ligeramente abiertas y me ofrecías tu sexo, retirando delicadamente hacia un lado el minúsculo tanga. Al regresar de su primer baño te aplicaba un aromático aceite bronceador, deleitándose para finalizar en cada uno de tus femeninos pliegues. Yo sé que el tesoro encontrado por sus lubricados dedos era para mí, pero yo era feliz viéndote morder la retorcida toalla durante el masaje digital, entregándome a la prominente erección retenida en el apretado bañador de tu novio.

Erratas

Te acercas por el pasillo, tu perfume llega antes que tú. Solicitarás otra revisión del documento a entregar. Pasarás tus brazos sobre mis hombros, yo de espaldas, mirando tu reflejo en el protector de la pantalla. La corrección automática no funcionará. En cada inspiración mía no cabrá más aire. Me apartarás la mano del ratón, apoyando ligeramente tu antebrazo sobre el mío. Miraré absorto la flecha del cursor cruzando sobre tus ojos. Tu melena rozará levemente mi cuello. Escucharé el rítmico tamborileo de tus yemas en el teclado y segundos después el cordón digital de la oficina transportará mi documento corregido hacia tu impresora. Un chorro de tinta bañará la piel virginal de otro din-a4 que, con un poco de suerte, quizá tenga otra errata.

Vacío

En la espesa niebla
de tu indiferencia
el hombre agita sus brazos,
adivina impotente agonía,
intenta cortar violento
la densa huelga de abrazos
y simples miradas perdidas.

En la espesa niebla
de tu sinsentido
desiste de aire cansada,
aspira enfermo el vapor
y muere ahogado en la nada.

Caos

He descubierto la ecuación secreta que gobierna el aparente caos del universo. La fórmula es increíblemente sencilla, no entiendo por qué nadie la ha descubierto antes que yo. Como todas las ecuaciones, tiene una parte a cada lado del signo igual, pero lo increíble es que las dos partes son idénticas. Un matemático afirmaría que eso no es una ecuación. Pero lo es. Este mensaje mundial es para comunicar a aquellos que desean predecir el futuro o desvelar el pasado que desistan porque es imposible. En el momento en que intentas llegar a la solución, todos los elementos de la fórmula se simplifican entre sí y queda la insultante igualdad 1=1. Tan sólo permite observar, impasible, la caótica ocurrencia de los hechos presentes.

Caligrafía

Dicen que tengo la letra hecha un asco. Lo que nadie sabe es que lo hago a propósito. De pequeño, las tiernas monjitas del colegio, me sometieron a un régimen dictatorial de caligrafía. Recuerdo con desagrado las interminables horas en las que el lapicero recorría lentamente las líneas de puntitos del cuaderno mientras mi lengua se gangrenaba, estrangulada sin piedad entre los labios. Miles de coscorrones, mi mamá me mima y mi mamá me ama consiguieron que lograra tener una letra perfecta.

Un día, en la universidad, la chica más guapa de la clase me dijo que tenía la letra muy bonita pero que, para mis veintitrés años, parecía de retrasado mental. Desde entonces comencé a escribir como el culo. Es increíble, pero cuanto peor es tu letra más te respeta la gente.

Tiempo después he visto que otras personas, teóricamente muy preparadas, utilizan la misma técnica. Mi dermatólogo por ejemplo, graduado en Oxford, me cobra treinta mil por dos recetas de mierda que no entiende ni el farmacéutico. O el otro día sin ir más lejos, en la feria del libro, un Nobel de literatura me dedica su última novela y, cuando llego a casa y se la enseño a mi mujer, nos pasamos media hora intentando encontrar mi nombre en la dedicatoria.

Chamberí, 80m, reformado

Cuando recogí los planos de mi nueva casa en el ayuntamiento, me sorprendí de que, sobre el papel, la distribución fuera algo diferente. Al final del pasillo, detrás de un mueble que cubre toda la pared, el plano decía que había otra habitación. Llamé a la inmobiliaria, pero el contestador decía que estaban de vacaciones. Rebusqué entre mis papeles el teléfono del vendedor y le llamé. Colgué al escuchar que el timbre de un teléfono sonaba al otro lado de la pared. Llevo ya un mes aquí, aterrorizado sin atreverme a retirar el armario. Ahora mi teléfono está sonando y el número que sale en la pantalla me resulta demasiado familiar.

La cena

El que ha llamado era tu padre, que viene a cenar. Él no sabe que existes, cómo iba a saberlo. El portal estaba oscuro y para él yo fui sólo otra más. Me ha preguntado qué vino podía traer. Aquella noche iba borracho. No podré olvidar jamás su cara, ni siquiera mañana, cuando haya dejado de ver la tuya. Te pareces tanto…¿Sabes que tu abuela no quiso pagarme el aborto? El horno debe estar ya listo. Ella no ha tenido que aguantar tu incesante llanto este interminable año sin vacaciones. Blanco para mí – le he dicho – yo tomaré pescado, es que estoy un poco revuelta, y tráete un buen tinto para ti, cariño, que te vas a morir cuando pruebes el asado.

Espera

Su marido, un científico de fama mundial, subió del sótano gritando que la máquina del tiempo estaba lista. Les congregó en aquella lúgubre estancia y se despidió sonriente, sentado sobre el extraño artilugio. Seleccionó una fecha: 3 de junio de 2050. Una gran burbuja de luz envolvió la máquina. En el centro de aquella esfera se le podía ver, quieto, sin pestañear, detenido en un instante de gloria.Para ella pasaron los días, los meses, los años… El constante zumbido le obligó a tapiar la puerta del sótano. Hizo prometer a sus hijos que en 2050, cuando ella se hubiera ido, estarían allí abajo esperando a su padre y le dirían que lo había echado de menos.

Tras la ventanilla

Esperamos más de una hora a la puerta de su coche con intención de informarle, pero sus ojos dejaban entrever que no creía que el piquete fuera informativo.