Archivo mensual: mayo 2002

El lado oscuro

Llevo más de tres meses llamando a mi hijo Harry Potter. Cada vez que salimos de ver una de esas superproducciones de Hollywood en las que una persona corriente descubre los poderes secretos de su dinastía, mi hijo se siente tan identificado que decide iniciar una nueva existencia, obligándonos a su madre y a mi a despojarle de su nombre, aquél que con tanta ilusión le pusimos hace más de cinco años. El caso de Harry Potter ha sido más sangrante para mí, ya que además el chaval ha perdido mi apellido.

Los objetos cotidianos cobran un nuevo valor en casa. No sabemos cuánto tiempo más tendremos que guardar la escoba bajo llave o si podré decidirme a dejar a mano de nuevo las gafas sin peligro de que se las ponga en cuanto me dé la vuelta. Lo peor es que el pobre lleva una semana diciendo “abracadabra” a un horrible florero que nos regaló mi suegra y no es capaz de hacerlo volar. Estoy por echarle una mano.

No puedo negar que echo de menos esa capacidad de los niños para olvidar el aburrido día a día. El poder llegar mañana a mi jefe, después de haber visto el Episodio II de Star Wars y soltarle así, sin complejos, un “Obi-Wan, lamento comunicarte que he sido seducido por el lado oscuro de la Fuerza”, en vez de tragarme todo el rato que estoy hasta las narices de ese trabajo de mierda y que no le soporto más.

Nunca te diré esto

Espero que nunca tengas la oportunidad de leer esto, porque esta noche necesito liberar la negra voz que siempre callo. Hoy necesito espolear el odio, ahondar en el dolor para mitigar este rencor que siento. Necesito cometer con mi mente el mayor de los crímenes porque sé que mi rencor sólo desaparecerá cuando me sienta culpable, y para ello debo ver el fruto de mi ira, ya sea éste real o imaginario. No temas – te dije – es sólo esta horrible tensión en mi mandíbula lo que me hace mirarte de otro modo.Mañana… Mañana te veré con otros ojos. 

Un mundo diferente

Este es un mundo curioso. Un mundo hecho de la suma de muchos mundos, de muchas personas, todas distintas. Cada pequeño mundo tiene su propia prehistoria, sus edades de piedra, de bronce y de hierro. Cada uno sus pequeñas revoluciones, sus dictaduras y sus democracias. Todos y cada uno con acontecimientos que van escribiendo una particular historia, una vida en definitiva.

El gran mundo observa el transcurso de las diferentes vidas que lo componen y necesita hechos palpables, sucesos puntuales a los que colocar una fecha. Sin embargo, en cada uno de los pequeños mundos las cosas suceden progresivamente, sin un claro principio o fin.

Creemos necesitar estos hechos para confirmarnos y confirmar ante el resto una realidad que vivimos internamente. Pero no debemos dejarnos embaucar por el ritual de los días señalados, porque las fechas del gran mundo nada tienen que ver con los acontecimientos que surgen mágicamente en nuestras vidas.

Preguntaos hoy cuándo os enamorasteis y no encontraréis una fecha. Es probable incluso que cada uno de vosotros conteste un día diferente. Y es que en cada pequeño mundo las cosas suceden en el momento más inesperado. Un gesto, una caricia, una palabra. Todo ocurriendo progresivamente en un mundo interior en el que poco a poco nace una realidad, el amor.

Hoy el gran mundo esta contento porque, en este ocho de junio, ha encontrado una fecha en la que ubicar una realidad que antes no era capaz de medir. Sin embargo, para cada uno de vuestros mundos, este ocho de junio es otro día más, porque hace tiempo ya que vuestro amor es real. Y es que, aunque no lo parezca, no es hoy el día en que habéis decidido compartir vuestras vidas. No es hoy.

Alimentad constantemente el amor y no os preocupéis por las fechas, por los aniversarios, por los días señalados. En vuestro pequeño mundo todo ocurrirá en un tiempo diluido, donde los instantes mágicos os esperarán una tarde cualquiera. No dudéis para hacer un regalo, ni detengáis en vuestros labios un “sí te quiero” para un momento mejor, porque si limitáis vuestro amor lo estaréis matando poco a poco. Entonces, lo que hoy celebramos y que apareció en vuestras vidas sin saber muy bien cuándo, desaparecerá y no os daréis cuenta hasta que ya se haya ido.

Liberad al sentimiento de sus cadenas, romped los prejuicios, escuchad al amor. No temáis por lo que éste pueda decir o hacer porque gracias a él, en cada pequeño mundo, la vida es feliz. Y dejad para nosotros el goce de este ocho de junio porque, esta fecha, ya es nuestra.

(Texto para la boda de Ana y Manolo)