Uno intenta sorprender con unos versos al lector en un sencillo homenaje a la poesía, rebuscando entre un universo de palabras aquellas que por su espontánea rítmica puedan conformar un breve poema, y en el afán cautivador de esta extraña espeleología, las diminutas piritas se escabullen entre el vasto lodazal de las palabras que no riman.
Entonces, en el silencio de las horas que preceden al sueño, uno escucha el zumbido de la sangre que del corazón entra y sale, y es en ese preciso instante cuando uno se acaba rindiendo ante la evidencia: dejemos que el sentimiento decida cuál es nuestra natural manera de estar agradecidos a la poesía. Pongamos la razón en huelga un día de nuestra vida.
(Texto para el Día Internacional de la Poesía)