Archivo mensual: mayo 2001

Maltratada

Si crees que podrás dormir en paz estás muy equivocado. Ya no me duelen las llagas de mis labios ni me oprimen las esposas que lesionaron mis muñecas. Se acabaron los cardenales en mi espalda, los mechones de pelo arrancados entre tus dedos. Ya no te temo, Javier, ya no tengo ese miedo que me hizo callar tantos años antes de denunciarte por malos tratos.

No han pasado veinticuatro horas desde que dejaste esa horrible corona de claveles sobre mi tumba y ya piensas que podrás empezar una nueva vida. No podrás, Javier, porque he decidido quedarme. Estaré contigo todos los días de tu vida, tal y como te prometí ante el altar. Cada vez que cierres los ojos, cada vez que encuentres un segundo de paz en tu miserable vida lo interrumpiré con una carcajada como las que tantos años me dedicaste mientras me golpeabas una y otra vez.

A mí el cielo me espera, Javier, sin embargo a ti el infierno te perseguirá hasta la muerte.

(“Maltratada” fue finalista del concurso de Microrrelatos de elmundo.es) 

Saludos desde el espacio

Lunes 29 de Mayo de 2084

Acabo de incorporarme desde mi cápsula de hibernación y contemplo de nuevo el planeta Tierra. Hace más de 100 años que nací en una pequeña ciudad que ahora se conserva bajo una inmensa esfera aislante que brilla desde el espacio. Todos sus habitantes murieron en la gran explosión de la cuarta guerra. El armamento utilizado evitaba la destrucción masiva limitándose a la carbonización de la materia orgánica. La vida se detuvo en milésimas de segundo y meses después los dominadores decidirían congelar la ciudad para gloria de nuestra especie. Hoy se puede visitar, aunque nunca me he atrevido.

En cada viaje al planeta-estación T45 tengo un sueño diferente. En la hibernación los sueños son tan largos que cuando despierto tardo casi una semana en poder olvidarlos. Esta vez volvía a mi ciudad en una visita turística programada. Para mi sorpresa la ruta pasaba por mi antigua casa. La valla protectora impedía el paso al salón. Entre la multitud de curiosos viajeros pude ver la silueta de mis padres sentados en el sofá junto a la ventana. Mi madre tenía el auricular del teléfono en la oreja y la mirada puesta en mi padre que sonreía. La guía turística explicaba las virtudes de la “carbonización instantánea” mientras yo recordaba nuestra última conversación telefónica: “Mamá, me aceptaron en la Agencia Europea Interestelar. Quizá la próxima vez os salude desde el espacio.”