Si crees que podrás dormir en paz estás muy equivocado. Ya no me duelen las llagas de mis labios ni me oprimen las esposas que lesionaron mis muñecas. Se acabaron los cardenales en mi espalda, los mechones de pelo arrancados entre tus dedos. Ya no te temo, Javier, ya no tengo ese miedo que me hizo callar tantos años antes de denunciarte por malos tratos.
No han pasado veinticuatro horas desde que dejaste esa horrible corona de claveles sobre mi tumba y ya piensas que podrás empezar una nueva vida. No podrás, Javier, porque he decidido quedarme. Estaré contigo todos los días de tu vida, tal y como te prometí ante el altar. Cada vez que cierres los ojos, cada vez que encuentres un segundo de paz en tu miserable vida lo interrumpiré con una carcajada como las que tantos años me dedicaste mientras me golpeabas una y otra vez.
A mí el cielo me espera, Javier, sin embargo a ti el infierno te perseguirá hasta la muerte.
(“Maltratada” fue finalista del concurso de Microrrelatos de elmundo.es)