Archivo mensual: febrero 2001

En un rincón del alma

Hoy es domingo, domingo por la tarde. Me gusta sentirme acompañado por María Dolores Pradera las últimas horas del fin de semana. Desde la habitación contigua escucho su voz, entre los vapores que emana el dominical potro de tortura cuando acaricio su lomo con mi amiga la plancha. Esta vez el disco era el número dos, increíble antología de éxitos de una voz que acompañó el inicio de muchas vidas de mi generación. Acabo de cumplir los veintiocho, y mis amigos no deben ser tampoco tan “generación X” como algún sociólogo se empeña en denominar, pues he recibido unas cuantas solicitudes para que les deje grabar la banda sonora de mis ilusiones infantiles.

Entre arrugados puños, marías dolores y encabronados cuellos, surgen como de la nada momentos de mi niñez y adolescencia. El timbre de su voz, grave como el tiempo que cada segundo nos abandona, perfila un pasado lleno de ilusiones. Eran momentos de pelota y chapas, peonzas y canicas, besos y mofletes rosados. Eran fines de semana en el asiento trasero de hijo único, viajes para ver a los abuelos y semanas blancas y nevadas.

Hoy quedé apresado en el REPEAT 1 de mi reproductor de CDs con la nueve, María Dolores Pradera y Alberto Cortez cantándome desde un rincón de mi alma: “Con las cosas más bellas guardaré tu recuerdo que el tiempo no logró sacarlo de mi alma, lo guardaré hasta el día en que me vaya yo”.

He decidido dejar la plancha y acariciar unas teclas, frías en horas de oficina pero abrasadoras estas otras. Me apetecía recordar los últimos años de mi vida, inolvidables ratos que parecen querer abandonarme. Colegio Mayor, asignaturas pendientes, el nuevo mundo laboral y amigos para siempre. Hace apenas unos meses quería creer que todo iba a seguir así, que la juventud iba a ser eterna, con mis amigos aquí, junto a mis sueños de niño.

Este fin de semana soñé de nuevo con ellos, mis amigos, a que todo era como antes. Yo tenía unos años menos y todo parecía real… El futuro estaba lejos, tan lejos… “Seremos muy felices, no te dejaré nunca, siempre serás mi amor”. Pero la pesada y adulta sombra del trabajo nos separa irremisiblemente. Ya no estabamos todos, ahora sé que cada vez estaremos menos. Esa losa, que se empeña en sepultar antiguos anhelos, esta noche me pesa toneladas. Bajo un gran montón de muertas ilusiones me revuelvo intentando prolongar la juventud. En el momento en que me acueste despertaré, será adulto lunes y todo volverá al rincón de una casa cada vez más grande, a un rincón cada vez más lejano.

Mañana viviremos de nuevo sin soñar, el CD cantará con la diez “entonces yo daré la media vuelta y me iré con el sol cuando muera la tarde”. Seguiremos alejándonos por las estancias de una mansión que no nos pertenece, preguntándonos por qué, mientras nuestra cabeza niega con un gesto el inevitable paso de los años.