Cupido,
demonio que envenenas corazones disfrazado
con tu ilógica e insensata puntería
y nos dejas de un flechazo enajenados,
retorna a los dominios del Olimpo
donde puedas practicar con otros seres
que no deban ajustar cuentas al tiempo.
Vete,
que jugar con las almas no es regalo
de los dioses, a juzgar por lo vivido.
Vuela,
que cuando a uno hieres sin motivo
olvidas la otra flecha en la otra mano.
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