10, 9, 8…
Las tardes se hacen cada día más blancas, las sombras no se alargan más, no se detienen tampoco. Eres a veces una forma extraña de pensar en uno mismo, amigo. Palabras que nunca se atreve la lengua a recorrer, sonidos que no escapan entre los dientes.
7, 6, 5…
Esos pensamientos se enredan entre la saliva, se mastican por la noche, dormido. Son cosas que acaban provocando caries, agujeros en el alma. Pequeñas manchas en el blanco de la tarde, como pájaros que picotean en un banco de mármol.
4,3,2…
Los dedos también revolotean en los bolsillos buscando un motivo para detenerse, quizá una llave que abra definitivamente la puerta. Las uñas rozan, escarban el forro de la chaqueta buscando, puede ser, una dirección hacia la que partir de una vez por todas.
1…
Uno siempre está solo. Uno no cuenta con nadie para la vida, la vida es de uno. Uno piensa que hay algo más que uno mismo, algo que soporte, que detenga, que empuje, que explique. Pero uno es uno, no hay nada más.
0…
Nada. El blanco de la noche, otro final, o comienzo.
Cuenta atrás
Marzo 3, 2009 · Deja un comentario
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CPK
Marzo 3, 2009 · Deja un comentario
Una sombra azulada
medita en silencio rojo y blanco,
los brazos de mi alma
con ojos de otro llanto
rodean hoy sin miedo a mis espantos.
→ Deja un ComentarioCategorías: poesía
Lost eyes
Octubre 3, 2008 · Deja un comentario
Estoy leyendo el reportaje que El Viajero le dedica a San Francisco, un conjunto de historias inconexas alrededor de Vertigo, el filme de Hitchcock. Mentiras. Puro maquillaje. Llevo tiempo intentando bajar a palabras la percepción casi extrasensorial que supuso para mí la reciente visita a la ciudad de las mil cuestas.
Y me sigue resultando difícil cogerle los cuernos a este toro, muy difícil. Es una sensación casi irreal, casi sin información sobre la que construir los detalles. He colgado las fotos, he hecho un vídeo con ellas, tengo incluso otro vídeo que es una locura. Pero ay, los detalles… esos pequeños elementos que hacen fácil, verosímil, una historia. La luz que atraviesa una botella de vino blanco en el pequeño patio interior de un restaurante en Hayes Valley. El viento que te azota la cara desde lo alto de Buena Vista Park. La mirada perdida, enajenada, de una anciana que camina por la calle sin rumbo fijo en North Beach. Las banderas gays que ondean en Castro, los cangrejos sobre una pequeña barra metálica en Fisherman’s Wharf. Los tranvías, los putos tranvías.
No encuentro los detalles, no veo la historia. La ciudad es un espejismo, una idea. El final del sueño americano, la entelequia californiana convertida en asfalto, parques y mar. El ideal de la vida sencilla, del buen clima. La meta de una sociedad decandente, la americana, que nace a la vida en Nueva York, la jungla de edificios en la que hasta los arrastrados marcan tendencia. Un país que bascula su historia de costa a costa, que piensa en las carreras meteóricas, donde Wall Street, Central Park y Chelsea se convierten en el ejemplo de la buena vida, de diablo vestido de Prada. El punto de partida para una sociedad mundial que de día solo piensa en ascender y ascender y de noche sólo disfruta descendiendo y descendiendo.
Y llega un día en que se preguntan qué coño están haciendo con su vida, que para qué tanto trabajar. Entonces, quizá, encienden la televisión o cogen un libro (ejem) y descubren una historia que lleva a California. La meta. El sol, las playas, la brisa que se cuela en el alma poeta y bohemia. Queman las corbatas y los sostenes. Venden las acciones (si es que todavía valen algo), se compran un coche de segunda mano y se recorren el interior del país por la ruta 66. Descubren que viven en un lugar maravilloso, en una tierra que jamás sabrán paladear sus habitantes (bueno, los indios sí, pero esos no cuentan casi ¿no?). Y pasan junto a Monument Valley y les dan las ganas de tirarse al vacío como Thelma y Louise. Pero siguen y siguen por una carretera sin fin. Pasan por Las Vegas, pierden lo que les queda de dinero y dignidad y llegan haciendo auto-stop a San Francisco.
Allí viven, sí, todos ellos, junto a los ricos-veloces de Silicon Valley y a los bundies (vaga-bundies, je je). Con sus pequeñas galerías de cuadros, sus bocadillos mirando a la bahía, sus vecinos de ojos rasgados, hijos de hijos de hijos de los bombardeados de Hiroshima.
San Francisco, la entelequia. La ciudad del frío, joder qué frío. La ciudad de la niebla y el viento. La ciudad más bella y llena de locos que he visto en mi vida. El cementerio de elefantes de occidente, el destino soñado. El paraíso liberal americano de taxistas que son capaces de ofrecerte una boda dentro de un taxi en una religion para ateos (lo juro).
San Francisco, difícil de explicar, más extraña de vivir, imposible de olvidar.
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Tiempo
Julio 19, 2008 · 2 comentarios
Imperativo
e incierto en ocasiones
nuestro destino
→ 2 comentariosCategorías: haiku · poesía
La espuela
Junio 7, 2008 · Deja un comentario
Se emborrona la mañana de pronto,
los días son verano,
sencillos,
y escucho palabras del viento
que abren antiguos caminos.
El sol ilumina Madrid de nuevo
como nunca
y al sol de este cielo herido
de belleza sinestésica
todo me suena bien
a la vista.
El dolor se acentúa,
los pasos huelen a oriente
la piel también sangra belleza
y el sudor ilumina las sonrisas
del alma de los que las portan.
De nuevo saben las calles a sol
al sol perdido en invierno
al sol latinoamericano
al sol que resuena a maraca,
la fiesta improvisada.
Huele el verde a robinias arañadas
sus troncos sujetan el cielo
de junio
sus hojas como manos
de falsa acacia me tocan
con carnales intenciones.
La gente ha salido a los balcones
a mirar,
y el tacto de las barandillas desconchadas
por el húmedo invierno
les ha atrapado
como un araña en su red.
Así es:
descompuesta la forma,
el color parejo al alma
del misterio se ha convertido en fórmula,
todo explota de belleza
todo arde de razón esperada.
Madrid es lo que quise que fuera,
lo que siempre quise para mi hogar:
la calle vida
la luz óleo
el verde pleno
la gente yo.
Abrázame futuro
estoy esperando nuevos designios,
ya he vivido esto antes.
Adiós Madrid,
beberé de tu recuerdo
en otro paraiso.
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Single dreams
Mayo 6, 2008 · Deja un comentario
Verde horizonte,
viento de la soledad
mis ilusiones.
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27 de diciembre, un día casi inocente
Diciembre 27, 2007 · Deja un comentario
Me pongo a hacer balance y
no me atrevo a poner las cosas en la balanza.
Todo pesa poco
o pesa demasiado.
Tampoco sé muy bien
qué va a cada lado de la balanza:
el tiempo, el vacío, las sensaciones,
las cosas pasadas,
el aire,
las pesadas cosas.
Parece que al final
es todo una cuestión gravitacional,
parece que al fin
las fuerzas faltan.
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Haiku – 1 Agosto
Agosto 1, 2007 · 3 comentarios
No existe el tiempo
aciago el horizonte
seca la brisa
→ 3 comentariosCategorías: haiku · poesía
La vida falsa
Julio 30, 2007 · Deja un comentario
Hay veces que pienso en las cosas que no he hecho. No en el sentido de la falta de iniciativa, ni tampoco en el de no tener la oportunidad de hacer por estar alejadas de mi estilo de vida. Pienso más bien en esas cosas, situaciones, ocasiones, tentativas de decisión, que en el último momento no han sucedido, quizá por casualidad o quizá no. Pero todas ellas, que de alguna manera han sido meditadas, masticadas, prefiguradas, especuladas, conforman un universo paralelo de aquello que no he hecho, que no he sido. Y aunque si bien en la línea del destino se encuentran en trayectorias paralelas, porque la decisión afirmativa sobre alguna hubiera desembocado con total seguridad en un escenario vital diferente, yo las imagino todas ellas de alguna manera entrelazadas, existencias de un mismo universo inventado. La vida que nunca tuve, trágica, visceral, apasionada, loca. La vida que no estaba llamada a ser vivida, la vida falsa, la vida de veras.
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Viaje en el espacio-tiempo
Julio 20, 2007 · 1 comentario
Comer en Sudestada es una experiencia ya de por sí demoledora para los sentidos. Si todo sentido aplicado a la comida tiene algo de prejuicio, el lugar, los acentos argentinos, la textura y sabor de los platos y la ambientación musical están más allá de todo prejuicio. Sudestada es la sorpresa absoluta. Pero no quería yo hoy hacer crítica gastronómica después de la crítica musical de ópera de ayer. Sé que a Nicho le gustan mis artículos-crítica, pero con uno ya tengo bastante por estos días.
A lo que iba surge de Sudestada pero va mucho más allá, porque salía de comer con mi amigo Nacho e íbamos ambos un poco traspuestos por la experiencia extra sensorial (un poco flipados para ser claros) cuando frente al contenedor de papel que hay junto al local encontramos unas cinco revistas descoloridas de los ochenta. Y uno, que puede ser cualquier cosa menos discreto, decide agarrar una para ver si era posible semejante hallazgo en el Madrid del dos mil y pico. Ama se llamaba esta publicación y, porque ahora no tengo un escáner a mano que si no, colgaría la portada en el blog. Tremenda mujer de pelos imposibles es la imagen del número 525 de octubre, segunda quincena, año 1981 (80 pesetas).
Nos ponemos a hojear-ojear los artículos y anuncios, la mitad de ellos relacionados con el ganchillo, el punto de cruz y sus labores, todo un viaje astral para mi cuerpo serrano. Buscamos un taxi y ante la inexistencia del mismo comenzamos a caminar. No me pregunte la audiencia cómo pero, surgido de la nada, se detiene un taxi modelo troncomóvil que nos llama para que nos subamos. El buen hombre nos obliga a enfundarnos los cinturones de seguridad y comienza la ruta de reparto de los dos ejecutivos poco agresivos.
Mientras, seguimos atónitos esa publicación, esas fotografías hoy extintas. Entonces irrumpe con intensidad un tema musical de un puro estilo Joseliteño (si existe el término) que versa sobre la ciudad de Barcelona. La letra bien podría ser (no lo recuerdo bien) “Barcelona te regalo una corona, para que luzcas una guirnalda, sobre tu provincia hermosa”. Monumental.
Dejo a Nacho en su casa y continúo mi viaje astral por la España de la pre-post-dictadura. El taxi se detiene en un semáforo de la glorieta de Cuatro Caminos que, ya sin puente-viaducto, ha recuperado la estética cincuentera. En ese instante el conductor me indica: “vaya como está la de verde, imagínese como estará de madura”. La joven no escuchó el piropo.
Entonces, desciendo de nuevo la mirada a la página trece, cartas de las lectoras, y completo la odisea astral con este pequeño fragmento que les paso a relatar:
Desde hace algunos meses estoy suscrita a su revista AMA, que realmente me gusta mucho. Quisiera pedir, si es posible, me digan cómo se hace el punto de garbanzo.
Firma: Carmen Hoyos
Nos imaginamos que te referirás al punto de garbanzo hecho con agujas de media, porque ya sabes que hay otro que se hace con ganchillo. El punto de agujas se hace así: monta 19 puntos para que hagas una muestra y trabaja: 1.ª vuelta: del revés (derecho del trabajo). 2.ª vuelta: 1 derecho * trabajar 3 puntos juntos del revés; en el punto siguiente hacer 3 puntos (1 derecho, 1 revés, 1 derecho)*. Repetir de * a * hasta el final. 3.ª vuelta y todas las impares del revés. 4.ª vuelta: 1 derecho, *en el punto siguiente hacer 3 puntos (1 derecho, 1 revés, 1 derecho), 3 puntos juntos al revés*. Repetir de * a *. 6.ª vuelta: repetir desde la 2.ª.
→ 1 comentarioCategorías: diario
Madama Butterfly en el Real
Julio 19, 2007 · Deja un comentario
Bajo los focos, ante las cámaras. Público que observa al público que observa. Un escenario que gira transponiendo los planos, jugando con el travelling de la cámara cuando es realmente la escena la que se mueve. Una más que notable dirección de escena de Mario Gas y una soberbia dirección musical a cargo de Plácido Domingo. Así es Madama Butterfly, el último estreno del Teatro Real de Madrid.
Un juego escenográfico en el que la dramática historia de John Luther Long es rodada en cine. Director y actores esperan la llegada del público sobre el escenario, en los prolegómenos del “cinco y acción”. El primer acto pasa ante mis ojos y oídos sin pena ni gloria, quizá como en aquel primer estreno de febrero de 1904 que obligó a Puccini a introducir cambios.
El segundo acto es ya otra cosa. Tras el solitario “Un Bel Di Vedremo” comienza la apoteósica interpretación actoral, dejando casi en un segundo plano la interpretación musical de todo el reparto: un ejercicio de orquesta y actuación teatral que superan la partitura de Puccini. Y luego llegó el final del segundo acto: un momento de insuperable intimidad, bajo las cámaras que lentamente acechan a la protagonista, un instante que arrancó alguna que otra lágrima.
Silencio, oscuridad. La orquesta afina de nuevo a 440. Vuelve la luz, vuelve el drama, tercer acto. Sostenido el público de un fino hilo de seda, igual dió que se bordara el “Addio Fiorito Asil“, estaba ya todo hecho.
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Una historia sin historia
Julio 1, 2007 · Deja un comentario
A veces dígome a mí mismo qué pasaría si comenzara una historia sin historia, un relato sin argumento alguno. Comenzar a teclear sobre una peripecia cualquiera, real o inventada: hacer volar la imaginación o dejar que la inventiva se arrastre por el suelo. Lo más probable es que la historia comenzara de alguna manera igual que este relato, con una breve introducción para calentar al espectador, lector, mientras se me ocurre algo ingenioso o me viniera algo a la memoria. Seguramente ocurriera lo que ahora, que se acumulan las líneas sin tener algo, nada que decir. Incluso puede que se acumularan las palabras, nombres, adverbios, conjunciones copulativas y copulantes verbos, conjugados frívolamente y espolvoreados de epítetos y especificativos adjetivos que darían al texto un tono pedante y relamido. Podría incluso llegar el momento de borrar lo escrito, o incluso concluirlo esperando que alguien entendiera en todo ello una genialidad, una ocurrencia. Pero también podría continuar, describiendo la mayor y la menor de las cosas que me circundan como si de una gloria o desgracia trascendente se tratara. O quizá seguir sin más, escribiendo como quien escucha el teclado de un piano sordo, mudo más bien, línea tras línea, letra tras letra. Entonces es probable, según dicen los expertos, que en un momento llegase la inspiración, una fina línea argumental a la que agarrarse, ese hilo del que tirar, sin desesperación pero desesperado, esperando que tras él llegue lo esperado…
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Poema de Horizontes Germanos
Junio 24, 2007 · Deja un comentario
Pareja de luz
árboles de profunda raíz
y hojas de llama azul
vuestros ojos.
Enamorados de España
España enamorada de vos
como dos espejos que
reflejándose crecen.
Porque en la distancia
el recuerdo es más intenso
como feliz y clara
vuestra sonrisa.
Nacerán nuevas luces
de vuestra cálida piel
claras serán para el mundo
y de vuelo elevado.
Ilusión para vuestra nueva vida
y a los horizontes amplitud
en nosotros alegría
caminamos juntos.
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Excesos y déficits
Junio 6, 2007 · Deja un comentario
En la incorporación a la autopista, habiendo entrado usted sin ceder el paso, se ha colocado directamente en el carril izquierdo al abandonar la vía de aceleración. Lleva un exceso de velocidad superior a 50 Km/h en los últimos dos kilómetros, el piloto trasero izquierdo de freno no le luce, los retrovisores no están homologados y, aun sin haberse bajado del vehículo, puedo decirle que tiene usted unos ojos preciosos.
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Cosas
Marzo 15, 2007 · Deja un comentario
Hay cosas que me gustan mucho.
Cosas que me gustan.
Cosas que no me gustan.
Y cosas que no me gustan nada.
También hay cosas que me disgustan.
Me gustan mucho.
Me gustan.
No me gustan.
No me gustan nada.
Me disgustan.
Mucho.
Normal.
Poco.
Nada.
De nada.
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Equus en el West End londinense
Marzo 10, 2007 · Deja un comentario
Predispuesto el espectador a contemplar esta imagen, el morbo está servido. El inocente niño que tan de cerca hemos observado en la multimillonaria saga de Harry Potter, se enfrenta a su propio mito. Eso es quizá lo que él o sus representantes han decidido que esté en la mente del espectador antes de que la obra comience.
Seis cabezas equinas, metálicas, esquemáticas y casi esqueléticas, presiden la estancia colgadas de las seis puertas del establo. El espacio, negro, circular, en plano inclinado, presenta cuatro prismas negros, cuatro cajas, que sirven de referente visual; cuatro elementos móviles que son desplazados por los actores a lo largo de la obra. Una luz azul, casi ultravioleta, ilumina las cabezas. El público rodea el escenario, el teatro es antiguo, muy londinense.
Richard Griffiths es el psiquiatra, soberbio en todo momento. Daniel Radcliffe demuestra que es capaz de pulverizar sus registros anteriores, a pesar incluso de su ligera incomodidad por el desnudo frontal del final, pero esto es lo de menos. El montaje es extraordinario, y el final del primer acto apoteósico, quizá el mejor Radcliffe de toda la obra. En solitario, con el torso descubierto y enfundado en unos vaqueros azules, galopando excitado un impresionante corcel (Will Kemp, que estrena ahora en España la película Miguel and William) sobre un suelo giratorio.
El resto de la obra es una reflexión, un viaje oscuro a los orígenes del sexo y sus mitos. El texto perturbador, sobre el filo de la navaja, clava sus zarpas en la conciencia del espectador y no la suelta ni siquiera después de salir del teatro. ¿Cuál es el origen de las filias sexuales? ¿Qué o quién las fija en cada persona y cuándo? ¿Es libre el individuo en la elección? Y, una vez fijadas para siempre, ¿qué hacer si no son socialmente, éticamente aceptadas? La carga de responsabilidad del psiquiatra es la carga que la humanidad soporta ante cada individuo: una vez extirpada la filia sexual no es posible fijarla en otro objetivo (acto, objeto o persona) así como así. Las experiencias del placer y del dolor quedarán ya definitivamente mutiladas, el ser incompleto.
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De cómo se encuentra un restaurante favorito
Enero 24, 2007 · Deja un comentario

(Le bar à huîtres – París, 26/Oct/2003)
Caminas a solas por París, que es como mejor se camina una ciudad (bueno, es como mejor se hacen la mayoría de las cosas) y te metes en un restaurante a comer. Te asomas, dudas si será el restaurante adecuado para comer a solas. Lo mejor es que esté situado al lado de tu plaza parisina favorita (Place des Vosges). Te puede ocurrir incluso que ese día, domingo, hayan cambiado de horario de verano a horario de invierno y, estando fuera de casa y semidesconectado del mundo, llegues una hora antes de lo normal. El restaurante tiene muy buena pinta (tienes un olfato excelente para los restaurantes) pero quizá esté vacío. Aún así, entras y pides mesa (con tu francés escaso). Te dice el maitre que está todo reservado (tienes buen olfato) y te ofrece una de las butacas elevadas en una pequeña barra que está al fondo a la izquierda. Te sientas y pides un vino blanco francés (no te acuerdas después de la marca), ostras, erizos (te encantan los erizos), buey de mar, camarones y mejillones crudos (gallegos, al gusto francés). Pasas el rato despiezando los alimentos y el restaurante se empieza a llenar. Es un restaurante con las paredes llenas de conchas y caracolas naturales, como un mosaico bizantino pero con almejitas en lugar de teselas. Se ocupan gradualmente todas las sillas del restaurante, incluidas las butacas que están en la barra. Terminas hablando con una pareja (padre e hija) que come en las dos butacas de al lado: comentando lo hermoso que es París, lo raro que es estar comiendo solo en un restaurante de 60 Euros por persona y lo emocionante de estar charlando y brindando con unos desconocidos. Sacas unas fotos con la cámara del teléfono (Nokia) y las comentas en tu blog más de tres años después.
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Alas
Junio 10, 2006 · 2 comentarios
Cruzaste la calle
tus brazos
abiertos
por amor a la nada
sobre la gente
la mirada sola
el tráfico ajeno
a tus palabras
versos que volaron
al cielo
cercano de luz
cuando tus pies
se hicieron alas
y mis manos
extrañas.
→ 2 comentariosCategorías: poesía
des-van
Mayo 16, 2006 · Deja un comentario
desvanecen
las horas del día tus esperas
inútil el tiempo
la calma fatua
los vientos
el metal pulido
no es filo de nada
ni un canto santo
ni es fruta la sal
desvanecen
las tardes del mes mis mentiras
falso el paso de las hojas
entre tus piernas
mis páginas
los sentidos fallados
el inválido graznido
del ave muerta
del seco mazo
desvanecen
los meses del año nuestras esperanzas
áspera la caricia de la pluma
sin tinta
desgranado el misterio
húmeda la especia
el pulso de la semilla
florecido en hielo
en hielo florecido
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Disjuntos
Abril 28, 2006 · Deja un comentario
Igual que dos lenguas de arena
que bajo el ansia se buscan,
a la tarde, entre el viento,
por causas que no nos atañen
no alcanzan
a fusionarse, dos lenguas
de arena somos, buscando
el ansia de la tarde estamos
al viento,
incómodos por la distancia
a uno y otro lado
y abajo
el Bósforo.
→ Deja un ComentarioCategorías: poesía
Haiku – 13 de Abril
Abril 13, 2006 · Deja un comentario
Grandes las calles
los corazones lloran
rojas las almas
→ Deja un ComentarioCategorías: haiku · poesía
You play
Abril 8, 2006 · Deja un comentario
You play,
over the strengh of voice,
like the wind with our leaves
you play,
again with silence,
beside the invisible line
that may one day be crossed over
you play,
under the skin of time,
hidden glance looking inside
you play,
behind the space that surrounds music,
bitter tick-tock remembering
we are getting older
you play,
with me,
without me,
the game of games
that is our lifetime.
→ Deja un ComentarioCategorías: poesía
It is not that
Abril 3, 2006 · Deja un comentario
It is not the way you could look at me,
it is not that, for sure,
nor even the previous breath
that I would like to feel
if you may whisper something very close,
it is not that, for sure,
nor the light of your eyes, far,
that maybe that darkly falling night
would give a little bit of new light to my life,
but it is not that, for sure,
it is not the possibility, chance, random, venture
to watch or not to watch again your body,
young, dark, smooth, randy…
it is not that, for sure,
because I am sure of it,
that it is not that.
→ Deja un ComentarioCategorías: poesía
Lipstick
Marzo 28, 2006 · Deja un comentario
Rodeada de sus más íntimos admiradores, en la más íntima intimidad de su cuarto, con el gramófono girando a todo girar, peinada y maquillada para la ocasión, alzada en unos blancos zapatos de tacón de aguja, semidesnuda sobre el aparador, iluminada por la tenue luz de una chimenea encendida, atusándose lentamente la rubia melena, jugueteando con el elástico de las medias de seda, la mirada perdida en la aceituna de un martini seco que sobre la mesa de caoba reposaba, balanceando levemente las caderas, susurrando para sí lo que sólo ella sabe que susurraba, aquella irresistible mujer de porcelana abrió su lápiz labial y se redibujó de nuevo sus rosados labios, muy lentamente, con la boca semiabierta, dejando entrever su húmeda lengua.
Cerró el lápiz labial y todos se fueron a sus respectivas a casas a dormir. Nadie pudo pegar ojo.
→ Deja un ComentarioCategorías: microrrelato
Oscuro sueño
Marzo 22, 2006 · 1 comentario
Tuya es la forma de los deseos,
mía la interpretación
de verte con el animal de dentro,
quizá de imaginarte de otra
manera,
en piezas,
al lado de tus ojos verdes,
tu cuerpo sobre la mesa
despedazado,
cortado con mis propias
mentiras y sacrilegios,
en un plato frio de venganza
ajena
a todo lo que nos rodea.
Lo que después ocurra
tampoco es dificil de imaginar,
aunque no lo quieras imaginar:
tu textura se resistirá
lo justo a mis mandíbulas
de animal,
como tú,
oscuro sueño caníbal,
como todo aquello
que callando
noche tras noche
a miles de segundos de ti,
en silencio,
te otorgo.
→ 1 comentarioCategorías: poesía
Cosas
Febrero 17, 2006 · Deja un comentario
las pequeñas verdades
los grandes gestos
las pequeñas palabras
los grandes silencios
las pequeñas distancias
los grandes abrazos
las pequeñas plazas
los grandes amigos
las pequeñas cosas
secretos, verdades,
gestos, palabras,
silencios, distancias,
abrazos, plazas
amigos, cosas.
grandes,
pequeñas.
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Los cambios
Enero 20, 2006 · Deja un comentario
Por las tardes, con la caída de las horas, entre dos hojas perdidas que sobrevuelan tu alma y la mía, con el tacto de quien sólo es capaz de cambiar el rumbo de las vidas, como un templo de naipes se derrumban los pasos, los acontecimientos, las dudas, las verdades, los holas y los adioses, los amigos y los rivales.
Por las tardes, como esta tarde, se abren y se cierran cajas, puertas, brazos, abrazos, manos, puños, vientos, truenos…
Como esta tarde, se viene encima el futuro, con sus deseos y sus infortunios, lo querido y lo odiado: todo se materializa en este estúpido instante para susurrarme a gritos que muy pronto quizá me arrepienta de las decisiones de hoy, o que tal vez las celebre.
Quién sabe.
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esperarles como reyes…
Enero 5, 2006 · Deja un comentario
Puede uno esta noche pasarla en vela, esperando la nocturna entrada de tres señores con barba vestidos de señora, por la puerta o por la ventana, quizá, con un saco, o varios, llenos de ilusión, aterciopelado saco rojo cabaret, desgastado del uso, puntual en el año pero milenario en su historia, esperarles toda la noche con un cubo lleno de agua para tres sedientos camellos, con unos trozos de turrón junto a la chimenea, esperarles toda la noche con una copa de champagne desde la cena, viendo como las diminutas burbujas ascienden y superan la línea que separa los dos estados, líquido y gaseoso, y se pierden perfumando la estancia, esperarles toda la noche mirando parpadear las bombillas de dorada luz en el árbol, como cientos de fugaces deseos en el firmamento del desierto, como granos de arena volando en la luz de la tarde, esperarles toda la noche hipnotizado con la suave caída de unos copos de nieve, blancos, que cubran de juventud las rancias aceras, los desgastados parabrisas, resbalando por el cristal de la ventana hasta diluirse en gotas que surquen el espejo de nuestra mirada, esperarles toda la noche…
… pero es que resulta que tengo una fiesta en casa de unos amigos dentro de unos minutos y con esta chorrada ya llego tarde, así que, si me lo permiten, les esperan ustedes y mañana con detalle me lo cuentan.
Ah… y que disfruten de sus regalos.
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Casi todo el tiempo
Diciembre 30, 2005 · Deja un comentario
“Como me dijiste que sería,
así es,
casi todo el tiempo”
Una historia correcta, una vida sencilla. Los días… los días pasan, atraviesan monótonos las frías tardes de invierno. Sigo en aquel trabajo, y viajo mucho. Atiendo las peticiones estúpidas de grandes corporaciones, escribo y des-escribo, copio, pego, sonrío. Todo como dijiste. Todo igual. No me he casado todavía, tengo miedo. Aún creo ser demasiado joven, soñando con la libertad, casi todo el tiempo…
Y tú… tú seguirás estudiando, y mejorando tu francés, niña londinense en París. Tú vivirás la vida de jóvenes que yo ya una vez viví en otros lugares. Estarás quizá con tus amigas, corriendo bajo los soportales de la Place des Vosges con las mejillas acaloradas. O besando a desconocidos en cafeterías de Montmartre, quién sabe, un domingo por la mañana:
Llegarás quizá de nuevo con tu taza y tu croissant, y con uno de esos zumos embotellados que los franceses tan caros saben vender. Te desabrocharás el abrigo y te desenroscarás la bufanda, azul, verde, gris, roja, quién sabe. Sacarás tu pequeño diario y mirarás al extranjero que se sienta solo al fondo del café, y quizá le dediques una de tus luminosas sonrisas. Y entre frase y frase, algún cabello rubio de tu coleta bailará al son de tus miradas, hasta que aquel extranjero se levante y te pida fuego. Entonces te apartarás a un lado en ese banco negro de madera despintada y, mientras él se sienta, le pedirás un cigarro. Y hablaréis de la vida y lo imposible, y compartiréis un trago de zumo, el café y el cenicero. Luego caminaréis por la Place du Tertre ese lluvioso día de enero, quizá, y os detendréis en los pequeños puestos de pintores. Y tú posiblemente le regales un pequeño óleo del Sacre Coeur. Y puede que paséis el resto de la mañana entre calles y plazas, tú con tu liviano brazo en su cintura y él con su mano sobre tu hombro. Y así, cerca del mediodía, llegará un último beso con sabor a café, y le dirás entonces que tú deseas para ti la vida que él ya tiene para sí, casi todo el tiempo…
Así es, una vida sencilla, como dijiste que sería, casi todo el tiempo. Y desde el sofá en el que hoy se abrazan a mi cintura, mientras pasa esta tarde de domingo, yo observo ese pequeño óleo colgado en el salón. Y cierro los ojos… mis ojos, que sólo recuerdan tu sonrisa. Entonces me levanto y me preparo un café.
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2005
Diciembre 22, 2005 · Deja un comentario
La realidad de los días, las brumas
que no pasan,
…………………….la monótona vida.
Las voluntades que atenazan…….los deseos,
los espejismos cercanos,………………..el sueño.
Los silencios del cuerpo, los gritos
del alma,
……..los forasteros
y los libros.
El serpenteante vacilar de las decisiones,
…………….el vacío
………………………y la calma.
Todo está donde estaba,
todo descansa
……………………en casa,
todo duerme
y todo muere.
Los cambios vinieron,
creció la inmensa mar,
……asfixió las constancias…………..y los mitos.
Los cambios vinieron y se fueron,
con el mar
y su rastro hospitalario:……………….el horizonte.
Ajenos destinos hoy yacen en casa,
al abrazo del futuro.
Será el próximo año.
(”2005″ es el último poema de la serie “Interferencias del vacío”)
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