6 cosas que podría hacer el Papa estos 6 días

Hay tantas cosas que se están escribiendo sobre la JMJ y la visita de Benedicto XVI a Madrid que se me ocurren 6 actos en la agenda que podrían haber estado en una hipotética visita de Jesús a Madrid durante estos días. Habiendo leído tantas veces las cosas que Jesús hizo hace 2.000 años en una sociedad compleja también como era aquella, creo que estaría interesado en hacerse oir en la nuestra.

Estos son, a mi parecer, los 6 temas más importantes y urgentes para muchas de las personas que siguen, de alguna manera, el mensaje de Cristo y a los que podría dedicar un día a cada uno de ellos:

1. Visita a presos de ETA, familiares de terroristas y representantes de Bildu. Una tarde sentados alrededor de una mesa en la que hubiera una conversación sincera sobre cómo conseguir cambiar el mundo utilizando el amor y la paz en lugar del odio y las armas. Un mensaje claro para ayudar a terminar para siempre con el terrorismo en España.

2. Una día en Sol, participando en las asambleas del movimiento 15M. El desempleo, la lucha por un mundo más justo al que dar un soplo de esperanza, para intentar cambiar las cosas empezando primero por uno mismo y luego dando ejemplo a los demás. Proponer a todos la puesta en marcha de grandes grupos de voluntariado por barrios para ayudar a los más afectados por la crisis actual.

3. Visita a Las Barranquillas y a la Cañada Real, mercados de la droga en Madrid. Conocer el estado en el que se encuentran las personas que viven y visitan estos lugares, para conversar sobre las vidas que llevan hoy en día y qué les ha llevado a tener que acudir frecuentemente a estos lugares. Pedir cariño y ayuda a todos para que salgan de ese inframundo.

4. Un paseo nocturno por el entorno de Montera, Ballesta y todas las calles céntricas en donde se ejerce la prostitución. Conversaría con prostitutas, proxenetas y clientes sobre los motivos que llevan hoy en día a una persona a prostituirse  y cómo, con la ayuda de todos, aquellos que quieran dejar voluntariamente esa vida tengan las oportunidades de hacerlo.

5. Una visita a la Bolsa, acompañado por los presidentes de las empresas del IBEX 35, CEOE y los sindicatos. Conocer el criterio de reparto de los beneficios de las grandes compañías, las políticas de contratación y remuneración y los derechos sociales de nuestros trabajadores. Comparar también el estado económico de nuestro país y las condiciones de nuestros trabajadores con las de países como China, India o Bangladesh.

6. Un día con cristianos, con católicos que se sienten excluidos de la Iglesia. Mujeres que quieren ser sacerdote, hombres y mujeres divorciados a los que se les retira la comunión, personas pertenecientes a ONGs que luchan contra la pandemia del VIH fomentando el uso del preservativo, colectivos de homosexuales que piden que se reconozca su sexualidad como un don de Dios.

Querido Benedicto XVI, todavía estamos a tiempo de cambiar el mundo.

Los Guantánamos de Castilla

Sobrevuelo los campos amarillos de cereal en un Alsa que me lleva a reencontrarme con la familia. Hace tiempo que no visito Asturias, cada kilometro me huele mas a mar, cosas de la imaginación y las ganas de comer marisco en Casa Lin. No sé cómo hay gente que todavía disfruta conduciendo con la de cosas que se pueden hacer en un viaje de 5 horas.

Bueno, escuchar a Vetusta Morla también lo puedes hacer al volante, asumiendo el riesgo de tener un acelerador debajo el pie cuando las emociones invaden tu cerebro. Pues eso, que estoy escuchando “Mapas”, de Vetusta Morla, leyendo la prensa, revisando facebook, viendo el paisaje y tuiteando (antes te decían, por favor tutéame, como cambian las cosas, #verdad?).

Voy mirando el paisaje, decía, entre Medina del Campo y Tordesillas, y veo desde lo alto, esos reductos de chopos que plantan algunos terratenientes para explotar su madera. Son cuadriláteros verdes aislados en el seco cereal. Nadie sabe exactamente cuándo vendrán con la motosierra a buscarlos. Te miran pasar, encerrados en la jaula transparente que es tener las raíces tan profundas. No sé, me acordé de pronto de esos chicos que ven pasar el tiempo esposados de rodillas en Guantánamo, dentro de unas verjas de polígono industrial.

Dejo en Madrid a mis hijuelos este fin de semana, o hijazos, o lo que sea. Están en buenas manos, la exposición arriba del teatro junto a Enio con la oreja puesta a ver si alguien quiere “una foto por Dios, que me las quitan de las manos”. Abajo el micromusical con Sergio y Vanessa, dando la bienvenida de 13 en 13 todas las tardes. Y yo aquí con la batería del iPad al 19% y me quedan un par de horas por los menos. Y Luis mandando a no sé quién muy importante al lugar. Un sin vivir.

Una enorme deuda

Hay veces que uno se entrega a sus aficiones pero no sabe a qué responde ese extraño impulso interior, al igual que uno desconoce por qué hace la mitad de las cosas que hace en la vida. Pero hay otras veces que uno se da de bruces con la evidencia. He dedicado mucho tiempo y bastante dinero a observar el mundo a través de los ojos de los demás. Sin saber por qué, me doy cuenta de que llevo media vida buscando una luz dentro de las tapas de miles de revistas.

Hoy he recordado, sumergido en la obra maestra que este último número del Fanzine 137, el primer día que me tropecé con el universo de Luis Venegas. Estaba escarbando entre las estanterías de Panta Rhei (esa pequeña librería escondida en otra pequeña calle de Madrid), cuando aparecieron en lo alto algunos ejemplares de sus revistas, pequeñas obras de arte que un chico regalaba al mundo desde su apartamento en la calle San Vicente Ferrer.

De mil en mil ejemplares, Luis ha construido el paraíso. Ya son muchos años dedicándome profesionalmente a contar y ver contar cosas como para no ser capaz de descubrir a un genio. Madrid, España, el mundo editorial, tienen una enorme deuda con Luis. Este último número, “Black & White Issue”, es la fruta prohibida de ese paraíso: la moda, la fotografía, la ilustración, las pasiones enfermizas, el sexo.

Espero, Luis, que ya sea aquí, allá o en el más allá pueda participar y celebrar contigo el día en que esta ciudad te abra las puertas con una exposición que enseñe al resto del mundo el universo que has creado. Un mundo que ya disfrutan mil agradecidos (y fanáticos, como yo) admiradores.

Larga vida a Fanzine 137. Larga vida a Electric Youth, a Candy y a todo aquello que te propongas publicar. Larga vida, Luis Venegas.

El cuerpo

No hay nada parecido a viajar. Estoy en un Starbucks desayunando un domingo a las 11, cosa rara ya que ayer no salí (me hago mayor), sentado junto a la ventana fría de marzo siberiano este año y dos mesas más al fondo hay un chico con un cafe en taza de porcelana (sí, de porcelana) y suena One Headlight de The Wallflowers (Jacob Dylan). Está leyendo una guía Lonely Planet de Tailandia. Lleva más de 10 minutos en la misma posición. Me imagino que habrá usado sus manos en algún momento para pasar página, pero yo no lo he notado.

Se me ha ocurrido pensar que en este momento es un cadáver feliz. Un cuerpo inerte mientras su mente realiza un cuasi-viaje astral en Tailandia. Quizá la canción de los Wallflowers de Dylan haya colaborado a provocar este fallecimiento corporal transitorio de la misma forma que a mí me ha hecho coger la Blackberry y escribir esta pequeña crónica (eso, y la insistencia de Beatriz para que escriba más).

Creo que la necesidad de escribir está directamente ligada a la infelicidad, no siempre, pero en mi caso casi siempre. No escribo ya porque cada día soy más feliz. Ni los médicos han conseguido entristecerme este último año. Este chico debe estar triste… con qué facilidad nos ha dejado a su taza de café y a mí en esta fría mañana de marzo frente al ventanal de la calle Alberto Aguilera.

Y mientras su cuerpo se va enfriando al tiempo que el café, su mente debe estar recorriendo templos, selvas y playas… Sorprende incluso más saber que es una guía Lonely Planet, libro gordo casi sin fotos, todo pura experiencia literaria. Su mente reconstruye las experiencias del reportero viajero utilizando los recursos de la lengua castellana (posiblemente tras haber sufrido las mieles de la traducción).


Dios mío, el chico acaba de resucitar y antes de irse se ha puesto el abrigo azul con la urgencia con la que cubren a los náufragos que llegan a nuestras costas. Las ilusiones sobre mundos mejores también hacen cometer locuras, de eso no hay duda. Es una pena pero, al final, el cuerpo también es importante.

(Como desconfío de mis infelices cualidades descriptivas, dejo una foto a modo de ilustración). Feliz domingo.

Cuenta atrás

10, 9, 8…
Las tardes se hacen cada día más blancas, las sombras no se alargan más, no se detienen tampoco. Eres a veces una forma extraña de pensar en uno mismo, amigo. Palabras que nunca se atreve la lengua a recorrer, sonidos que no escapan entre los dientes.
7, 6, 5…
Esos pensamientos se enredan entre la saliva, se mastican por la noche, dormido. Son cosas que acaban provocando caries, agujeros en el alma. Pequeñas manchas en el blanco de la tarde, como pájaros que picotean en un banco de mármol.
4,3,2…
Los dedos también revolotean en los bolsillos buscando un motivo para detenerse, quizá una llave que abra definitivamente la puerta. Las uñas rozan, escarban el forro de la chaqueta buscando, puede ser, una dirección hacia la que partir de una vez por todas.
1…
Uno siempre está solo. Uno no cuenta con nadie para la vida, la vida es de uno. Uno piensa que hay algo más que uno mismo, algo que soporte, que detenga, que empuje, que explique. Pero uno es uno, no hay nada más.
0…
Nada. El blanco de la noche, otro final, o comienzo.

CPK

Una sombra azulada

medita en silencio rojo y blanco,

los brazos de mi alma

con ojos de otro llanto

rodean hoy sin miedo a mis espantos.

Lost eyes

Estoy leyendo el reportaje que El Viajero le dedica a San Francisco, un conjunto de historias inconexas alrededor de Vertigo, el filme de Hitchcock. Mentiras. Puro maquillaje. Llevo tiempo intentando bajar a palabras la percepción casi extrasensorial que supuso para mí la reciente visita a la ciudad de las mil cuestas.

Y me sigue resultando difícil cogerle los cuernos a este toro, muy difícil. Es una sensación casi irreal, casi sin información sobre la que construir los detalles. He colgado las fotos, he hecho un vídeo con ellas, tengo incluso otro vídeo que es una locura. Pero ay, los detalles… esos pequeños elementos que hacen fácil, verosímil, una historia. La luz que atraviesa una botella de vino blanco en el pequeño patio interior de un restaurante en Hayes Valley. El viento que te azota la cara desde lo alto de Buena Vista Park. La mirada perdida, enajenada, de una anciana que camina por la calle sin rumbo fijo en North Beach. Las banderas gays que ondean en Castro, los cangrejos sobre una pequeña barra metálica en Fisherman’s Wharf. Los tranvías, los putos tranvías.

No encuentro los detalles, no veo la historia. La ciudad es un espejismo, una idea. El final del sueño americano, la entelequia californiana convertida en asfalto, parques y mar. El ideal de la vida sencilla, del buen clima. La meta de una sociedad decandente, la americana, que nace a la vida en Nueva York, la jungla de edificios en la que hasta los arrastrados marcan tendencia. Un país que bascula su historia de costa a costa, que piensa en las carreras meteóricas, donde Wall Street, Central Park y Chelsea se convierten en el ejemplo de la buena vida, de diablo vestido de Prada. El punto de partida para una sociedad mundial que de día solo piensa en ascender y ascender y de noche sólo disfruta descendiendo y descendiendo.

Y llega un día en que se preguntan qué coño están haciendo con su vida, que para qué tanto trabajar. Entonces, quizá, encienden la televisión o cogen un libro (ejem) y descubren una historia que lleva a California. La meta. El sol, las playas, la brisa que se cuela en el alma poeta y bohemia. Queman las corbatas y los sostenes. Venden las acciones (si es que todavía valen algo), se compran un coche de segunda mano y se recorren el interior del país por la ruta 66. Descubren que viven en un lugar maravilloso, en una tierra que jamás sabrán paladear sus habitantes (bueno, los indios sí, pero esos no cuentan casi ¿no?). Y pasan junto a Monument Valley y les dan las ganas de tirarse al vacío como Thelma y Louise. Pero siguen y siguen por una carretera sin fin. Pasan por Las Vegas, pierden lo que les queda de dinero y dignidad y llegan haciendo auto-stop a San Francisco.

Allí viven, sí, todos ellos, junto a los ricos-veloces de Silicon Valley y a los bundies (vaga-bundies, je je). Con sus pequeñas galerías de cuadros, sus bocadillos mirando a la bahía, sus vecinos de ojos rasgados, hijos de hijos de hijos de los bombardeados de Hiroshima.

San Francisco, la entelequia. La ciudad del frío, joder qué frío. La ciudad de la niebla y el viento. La ciudad más bella y llena de locos que he visto en mi vida. El cementerio de elefantes de occidente, el destino soñado. El paraíso liberal americano de taxistas que son capaces de ofrecerte una boda dentro de un taxi en una religion para ateos (lo juro).

San Francisco, difícil de explicar, más extraña de vivir, imposible de olvidar.

Tiempo

Imperativo
e incierto en ocasiones
nuestro destino

La espuela

Se emborrona la mañana de pronto,
los días son verano,
sencillos,
y escucho palabras del viento
que abren antiguos caminos.

El sol ilumina Madrid de nuevo
como nunca
y al sol de este cielo herido
de belleza sinestésica
todo me suena bien
a la vista.

El dolor se acentúa,
los pasos huelen a oriente
la piel también sangra belleza
y el sudor ilumina las sonrisas
del alma de los que las portan.

De nuevo saben las calles a sol
al sol perdido en invierno
al sol latinoamericano
al sol que resuena a maraca,
la fiesta improvisada.

Huele el verde a robinias arañadas
sus troncos sujetan el cielo
de junio
sus hojas como manos
de falsa acacia me tocan
con carnales intenciones.

La gente ha salido a los balcones
a mirar,
y el tacto de las barandillas desconchadas
por el húmedo invierno
les ha atrapado
como un araña en su red.

Así es:

descompuesta la forma,
el color parejo al alma
del misterio se ha convertido en fórmula,
todo explota de belleza
todo arde de razón esperada.

Madrid es lo que quise que fuera,
lo que siempre quise para mi hogar:
la calle vida
la luz óleo
el verde pleno
la gente yo.

Abrázame futuro
estoy esperando nuevos designios,
ya he vivido esto antes.

Adiós Madrid,
beberé de tu recuerdo
en otro paraiso.

Single dreams

Verde horizonte,

viento de la soledad

mis ilusiones.

27 de diciembre, un día casi inocente

Me pongo a hacer balance y
no me atrevo a poner las cosas en la balanza.
Todo pesa poco
o pesa demasiado.

Tampoco sé muy bien
qué va a cada lado de la balanza:
el tiempo, el vacío, las sensaciones,
las cosas pasadas,
el aire,
las pesadas cosas.

Parece que al final
es todo una cuestión gravitacional,
parece que al fin
las fuerzas faltan.

Haiku – 1 Agosto

No existe el tiempo
aciago el horizonte
seca la brisa

La vida falsa

Hay veces que pienso en las cosas que no he hecho. No en el sentido de la falta de iniciativa, ni tampoco en el de no tener la oportunidad de hacer por estar alejadas de mi estilo de vida. Pienso más bien en esas cosas, situaciones, ocasiones, tentativas de decisión, que en el último momento no han sucedido, quizá por casualidad o quizá no. Pero todas ellas, que de alguna manera han sido meditadas, masticadas, prefiguradas, especuladas, conforman un universo paralelo de aquello que no he hecho, que no he sido. Y aunque si bien en la línea del destino se encuentran en trayectorias paralelas, porque la decisión afirmativa sobre alguna hubiera desembocado con total seguridad en un escenario vital diferente, yo las imagino todas ellas de alguna manera entrelazadas, existencias de un mismo universo inventado. La vida que nunca tuve, trágica, visceral, apasionada, loca. La vida que no estaba llamada a ser vivida, la vida falsa, la vida de veras.

Viaje en el espacio-tiempo

Comer en Sudestada es una experiencia ya de por sí demoledora para los sentidos. Si todo sentido aplicado a la comida tiene algo de prejuicio, el lugar, los acentos argentinos, la textura y sabor de los platos y la ambientación musical están más allá de todo prejuicio. Sudestada es la sorpresa absoluta. Pero no quería yo hoy hacer crítica gastronómica después de la crítica musical de ópera de ayer. Sé que a Nicho le gustan mis artículos-crítica, pero con uno ya tengo bastante por estos días.

A lo que iba surge de Sudestada pero va mucho más allá, porque salía de comer con mi amigo Nacho e íbamos ambos un poco traspuestos por la experiencia extra sensorial (un poco flipados para ser claros) cuando frente al contenedor de papel que hay junto al local encontramos unas cinco revistas descoloridas de los ochenta. Y uno, que puede ser cualquier cosa menos discreto, decide agarrar una para ver si era posible semejante hallazgo en el Madrid del dos mil y pico. Ama se llamaba esta publicación y, porque ahora no tengo un escáner a mano que si no, colgaría la portada en el blog. Tremenda mujer de pelos imposibles es la imagen del número 525 de octubre, segunda quincena, año 1981 (80 pesetas).

Nos ponemos a hojear-ojear los artículos y anuncios, la mitad de ellos relacionados con el ganchillo, el punto de cruz y sus labores, todo un viaje astral para mi cuerpo serrano. Buscamos un taxi y ante la inexistencia del mismo comenzamos a caminar. No me pregunte la audiencia cómo pero, surgido de la nada, se detiene un taxi modelo troncomóvil que nos llama para que nos subamos. El buen hombre nos obliga a enfundarnos los cinturones de seguridad y comienza la ruta de reparto de los dos ejecutivos poco agresivos.

Mientras, seguimos atónitos esa publicación, esas fotografías hoy extintas. Entonces irrumpe con intensidad un tema musical de un puro estilo Joseliteño (si existe el término) que versa sobre la ciudad de Barcelona. La letra bien podría ser (no lo recuerdo bien) “Barcelona te regalo una corona, para que luzcas una guirnalda, sobre tu provincia hermosa”. Monumental.

Dejo a Nacho en su casa y continúo mi viaje astral por la España de la pre-post-dictadura. El taxi se detiene en un semáforo de la glorieta de Cuatro Caminos que, ya sin puente-viaducto, ha recuperado la estética cincuentera. En ese instante el conductor me indica: “vaya como está la de verde, imagínese como estará de madura”. La joven no escuchó el piropo.

Entonces, desciendo de nuevo la mirada a la página trece, cartas de las lectoras, y completo la odisea astral con este pequeño fragmento que les paso a relatar:

Desde hace algunos meses estoy suscrita a su revista AMA, que realmente me gusta mucho. Quisiera pedir, si es posible, me digan cómo se hace el punto de garbanzo.
Firma: Carmen Hoyos

Nos imaginamos que te referirás al punto de garbanzo hecho con agujas de media, porque ya sabes que hay otro que se hace con ganchillo. El punto de agujas se hace así: monta 19 puntos para que hagas una muestra y trabaja: 1.ª vuelta: del revés (derecho del trabajo). 2.ª vuelta: 1 derecho * trabajar 3 puntos juntos del revés; en el punto siguiente hacer 3 puntos (1 derecho, 1 revés, 1 derecho)*. Repetir de * a * hasta el final. 3.ª vuelta y todas las impares del revés. 4.ª vuelta: 1 derecho, *en el punto siguiente hacer 3 puntos (1 derecho, 1 revés, 1 derecho), 3 puntos juntos al revés*. Repetir de * a *. 6.ª vuelta: repetir desde la 2.ª.

Madama Butterfly en el Real

Bajo los focos, ante las cámaras. Público que observa al público que observa. Un escenario que gira transponiendo los planos, jugando con el travelling de la cámara cuando es realmente la escena la que se mueve. Una más que notable dirección de escena de Mario Gas y una soberbia dirección musical a cargo de Plácido Domingo. Así es Madama Butterfly, el último estreno del Teatro Real de Madrid.

Un juego escenográfico en el que la dramática historia de John Luther Long es rodada en cine. Director y actores esperan la llegada del público sobre el escenario, en los prolegómenos del “cinco y acción”. El primer acto pasa ante mis ojos y oídos sin pena ni gloria, quizá como en aquel primer estreno de febrero de 1904 que obligó a Puccini a introducir cambios.

El segundo acto es ya otra cosa. Tras el solitario “Un Bel Di Vedremo” comienza la apoteósica interpretación actoral, dejando casi en un segundo plano la interpretación musical de todo el reparto: un ejercicio de orquesta y actuación teatral que superan la partitura de Puccini. Y luego llegó el final del segundo acto: un momento de insuperable intimidad, bajo las cámaras que lentamente acechan a la protagonista, un instante que arrancó alguna que otra lágrima.

Silencio, oscuridad. La orquesta afina de nuevo a 440. Vuelve la luz, vuelve el drama, tercer acto. Sostenido el público de un fino hilo de seda, igual dió que se bordara el “Addio Fiorito Asil“, estaba ya todo hecho.

Una historia sin historia

A veces dígome a mí mismo qué pasaría si comenzara una historia sin historia, un relato sin argumento alguno. Comenzar a teclear sobre una peripecia cualquiera, real o inventada: hacer volar la imaginación o dejar que la inventiva se arrastre por el suelo. Lo más probable es que la historia comenzara de alguna manera igual que este relato, con una breve introducción para calentar al espectador, lector, mientras se me ocurre algo ingenioso o me viniera algo a la memoria. Seguramente ocurriera lo que ahora, que se acumulan las líneas sin tener algo, nada que decir. Incluso puede que se acumularan las palabras, nombres, adverbios, conjunciones copulativas y copulantes verbos, conjugados frívolamente y espolvoreados de epítetos y especificativos adjetivos que darían al texto un tono pedante y relamido. Podría incluso llegar el momento de borrar lo escrito, o incluso concluirlo esperando que alguien entendiera en todo ello una genialidad, una ocurrencia. Pero también podría continuar, describiendo la mayor y la menor de las cosas que me circundan como si de una gloria o desgracia trascendente se tratara. O quizá seguir sin más, escribiendo como quien escucha el teclado de un piano sordo, mudo más bien, línea tras línea, letra tras letra. Entonces es probable, según dicen los expertos, que en un momento llegase la inspiración, una fina línea argumental a la que agarrarse, ese hilo del que tirar, sin desesperación pero desesperado, esperando que tras él llegue lo esperado…

Poema de Horizontes Germanos

Pareja de luz
árboles de profunda raíz
y hojas de llama azul
vuestros ojos.

Enamorados de España
España enamorada de vos
como dos espejos que
reflejándose crecen.

Porque en la distancia
el recuerdo es más intenso
como feliz y clara
vuestra sonrisa.

Nacerán nuevas luces
de vuestra cálida piel
claras serán para el mundo
y de vuelo elevado.

Ilusión para vuestra nueva vida
y a los horizontes amplitud
en nosotros alegría
caminamos juntos.

Excesos y déficits

En la incorporación a la autopista, habiendo entrado usted sin ceder el paso, se ha colocado directamente en el carril izquierdo al abandonar la vía de aceleración. Lleva un exceso de velocidad superior a 50 Km/h en los últimos dos kilómetros, el piloto trasero izquierdo de freno no le luce, los retrovisores no están homologados y, aun sin haberse bajado del vehículo, puedo decirle que tiene usted unos ojos preciosos.

Cosas

Hay cosas que me gustan mucho.
Cosas que me gustan.
Cosas que no me gustan.
Y cosas que no me gustan nada.
También hay cosas que me disgustan.

Me gustan mucho.
Me gustan.
No me gustan.
No me gustan nada.
Me disgustan.

Mucho.
Normal.
Poco.
Nada.

De nada.

Equus en el West End londinense

Predispuesto el espectador a contemplar esta imagen, el morbo está servido. El inocente niño que tan de cerca hemos observado en la multimillonaria saga de Harry Potter, se enfrenta a su propio mito. Eso es quizá lo que él o sus representantes han decidido que esté en la mente del espectador antes de que la obra comience.

Seis cabezas equinas, metálicas, esquemáticas y casi esqueléticas, presiden la estancia colgadas de las seis puertas del establo. El espacio, negro, circular, en plano inclinado, presenta cuatro prismas negros, cuatro cajas, que sirven de referente visual; cuatro elementos móviles que son desplazados por los actores a lo largo de la obra. Una luz azul, casi ultravioleta, ilumina las cabezas. El público rodea el escenario, el teatro es antiguo, muy londinense.

Richard Griffiths es el psiquiatra, soberbio en todo momento. Daniel Radcliffe demuestra que es capaz de pulverizar sus registros anteriores, a pesar incluso de su ligera incomodidad por el desnudo frontal del final, pero esto es lo de menos. El montaje es extraordinario, y el final del primer acto apoteósico, quizá el mejor Radcliffe de toda la obra. En solitario, con el torso descubierto y enfundado en unos vaqueros azules, galopando excitado un impresionante corcel (Will Kemp, que estrena ahora en España la película Miguel and William) sobre un suelo giratorio.

El resto de la obra es una reflexión, un viaje oscuro a los orígenes del sexo y sus mitos. El texto perturbador, sobre el filo de la navaja, clava sus zarpas en la conciencia del espectador y no la suelta ni siquiera después de salir del teatro. ¿Cuál es el origen de las filias sexuales? ¿Qué o quién las fija en cada persona y cuándo? ¿Es libre el individuo en la elección? Y, una vez fijadas para siempre, ¿qué hacer si no son socialmente, éticamente aceptadas? La carga de responsabilidad del psiquiatra es la carga que la humanidad soporta ante cada individuo: una vez extirpada la filia sexual no es posible fijarla en otro objetivo (acto, objeto o persona) así como así. Las experiencias del placer y del dolor quedarán ya definitivamente mutiladas, el ser incompleto.

De cómo se encuentra un restaurante favorito


(Le bar à huîtres – París, 26/Oct/2003)

Caminas a solas por París, que es como mejor se camina una ciudad (bueno, es como mejor se hacen la mayoría de las cosas) y te metes en un restaurante a comer. Te asomas, dudas si será el restaurante adecuado para comer a solas. Lo mejor es que esté situado al lado de tu plaza parisina favorita (Place des Vosges). Te puede ocurrir incluso que ese día, domingo, hayan cambiado de horario de verano a horario de invierno y, estando fuera de casa y semidesconectado del mundo, llegues una hora antes de lo normal. El restaurante tiene muy buena pinta (tienes un olfato excelente para los restaurantes) pero quizá esté vacío. Aún así, entras y pides mesa (con tu francés escaso). Te dice el maitre que está todo reservado (tienes buen olfato) y te ofrece una de las butacas elevadas en una pequeña barra que está al fondo a la izquierda. Te sientas y pides un vino blanco francés (no te acuerdas después de la marca), ostras, erizos (te encantan los erizos), buey de mar, camarones y mejillones crudos (gallegos, al gusto francés). Pasas el rato despiezando los alimentos y el restaurante se empieza a llenar. Es un restaurante con las paredes llenas de conchas y caracolas naturales, como un mosaico bizantino pero con almejitas en lugar de teselas. Se ocupan gradualmente todas las sillas del restaurante, incluidas las butacas que están en la barra. Terminas hablando con una pareja (padre e hija) que come en las dos butacas de al lado: comentando lo hermoso que es París, lo raro que es estar comiendo solo en un restaurante de 60 Euros por persona y lo emocionante de estar charlando y brindando con unos desconocidos. Sacas unas fotos con la cámara del teléfono (Nokia) y las comentas en tu blog más de tres años después.

Alas

Cruzaste la calle
tus brazos
abiertos
por amor a la nada
sobre la gente
la mirada sola
el tráfico ajeno
a tus palabras
versos que volaron
al cielo
cercano de luz
cuando tus pies
se hicieron alas
y mis manos
extrañas.

des-van

desvanecen
las horas del día tus esperas
inútil el tiempo
la calma fatua
los vientos
el metal pulido
no es filo de nada
ni un canto santo
ni es fruta la sal

desvanecen
las tardes del mes mis mentiras
falso el paso de las hojas
entre tus piernas
mis páginas
los sentidos fallados
el inválido graznido
del ave muerta
del seco mazo

desvanecen
los meses del año nuestras esperanzas
áspera la caricia de la pluma
sin tinta
desgranado el misterio
húmeda la especia
el pulso de la semilla
florecido en hielo
en hielo florecido

Disjuntos

Igual que dos lenguas de arena
que bajo el ansia se buscan,
a la tarde, entre el viento,
por causas que no nos atañen
no alcanzan
a fusionarse, dos lenguas
de arena somos, buscando
el ansia de la tarde estamos
al viento,
incómodos por la distancia
a uno y otro lado
y abajo
el Bósforo.

Haiku – 13 de Abril

Grandes las calles
los corazones lloran
rojas las almas

You play

You play,
over the strengh of voice,
like the wind with our leaves
you play,
again with silence,
beside the invisible line
that may one day be crossed over
you play,
under the skin of time,
hidden glance looking inside
you play,
behind the space that surrounds music,
bitter tick-tock remembering
we are getting older
you play,
with me,
without me,
the game of games
that is our lifetime.

It is not that

It is not the way you could look at me,
it is not that, for sure,
nor even the previous breath
that I would like to feel
if you may whisper something very close,
it is not that, for sure,
nor the light of your eyes, far,
that maybe that darkly falling night
would give a little bit of new light to my life,
but it is not that, for sure,
it is not the possibility, chance, random, venture
to watch or not to watch again your body,
young, dark, smooth, randy…
it is not that, for sure,
because I am sure of it,
that it is not that.

Lipstick

Rodeada de sus más íntimos admiradores, en la más íntima intimidad de su cuarto, con el gramófono girando a todo girar, peinada y maquillada para la ocasión, alzada en unos blancos zapatos de tacón de aguja, semidesnuda sobre el aparador, iluminada por la tenue luz de una chimenea encendida, atusándose lentamente la rubia melena, jugueteando con el elástico de las medias de seda, la mirada perdida en la aceituna de un martini seco que sobre la mesa de caoba reposaba, balanceando levemente las caderas, susurrando para sí lo que sólo ella sabe que susurraba, aquella irresistible mujer de porcelana abrió su lápiz labial y se redibujó de nuevo sus rosados labios, muy lentamente, con la boca semiabierta, dejando entrever su húmeda lengua.

Cerró el lápiz labial y todos se fueron a sus respectivas a casas a dormir. Nadie pudo pegar ojo.

Oscuro sueño

Tuya es la forma de los deseos,
mía la interpretación
de verte con el animal de dentro,
quizá de imaginarte de otra
manera,
en piezas,
al lado de tus ojos verdes,
tu cuerpo sobre la mesa
despedazado,
cortado con mis propias
mentiras y sacrilegios,
en un plato frio de venganza
ajena
a todo lo que nos rodea.

Lo que después ocurra
tampoco es dificil de imaginar,
aunque no lo quieras imaginar:
tu textura se resistirá
lo justo a mis mandíbulas
de animal,
como tú,
oscuro sueño caníbal,
como todo aquello
que callando
noche tras noche
a miles de segundos de ti,
en silencio,
te otorgo.

Cosas

las pequeñas verdades
los grandes gestos
las pequeñas palabras
los grandes silencios
las pequeñas distancias
los grandes abrazos
las pequeñas plazas
los grandes amigos
las pequeñas cosas

secretos, verdades,
gestos, palabras,
silencios, distancias,
abrazos, plazas
amigos, cosas.

grandes,
pequeñas.